Chema Postigo «un iceberg de la generosidad». Entrevista al autor de una nueva semblanza.

Jaume Figa Vaello trabaja en la Universitat Internacional de Catalunya, en Dirección de Comunicación. Un día, le llegó la historia de Chema Postigo y la «curiosidad periodística» le llevó a preguntarse un poco más por la vida de este hombre. Dos años después, y ciento treinta entrevistas y más de doscientos testimonios, llega a las librerías el libro Chema Postigo, el hombre que hizo volar su corazón. Jóvenes Católicos ha querido entrevistar al autor.

Jaume ¿Cómo supiste de Chema?

Conocía un poco, personalmente, a alguno de sus hijos y a la familia porque se hizo muy famosa, sobre todo desde que les dieron el galardón “Familia Numerosa Europea del Año”, en 2015. Había oído a hablar mucho del empuje que tenían –a pesar de las contrariedades por las que pasaron–, y del libro de Rosa, su mujer. Pero, efectivamente, a Chema, no lo conocía.

Entonces, ¿qué te llevó a escribir el libro?

En un primer momento, si quieres, fue la curiosidad periodística la que me animó a proponer un libro de él. Cuando falleció, conocía a Juampi y quise ir a velar un rato a su padre, pero no pude. Después, quise ir al funeral, pero tampoco pude. Ahora bien: lo que me llegaba no dejaba de sorprenderme: colas y colas de personas para rezar un rato ante su cuerpo. Y, después, Santa María del Mar, llena hasta los topes. ¿Sabes lo que es esto? Quien ha estado en esa iglesia –que tan famosa hizo Falcones en su novela La Catedral del Mar–, se da cuenta de que eso significa muchísima gente. ¿Tres mil? ¿Cuatro mil? Nadie lo contó. Pero hay datos objetivos: se alquilaron mil sillas, se repartieron cinco mil rosarios, los bancos estaban totalmente ocupados, gente de pie… En el libro digo que eran 3.500 personas: me parece que no voy muy equivocado.

¿Qué vamos a encontrar en el libro?

La historia de una persona que fue muy generosa. En primer lugar, con Dios. Y, después, con todos los demás: su madre, sus hermanos, su mujer, sus hijos y sus amigos. En este sentido, en el libro defino a Chema como el “iceberg de la generosidad”, en el que la punta del iceberg es su familia de dieciocho hijos, que es como el reflejo del 90% restante: muchos pocos que lo convierten en una gran persona.

¿Quién es Chema Postigo? 

Yo también me pregunté lo mismo y, de hecho, así arranco el libro, con la pregunta que hace un camarero de delante de la “catedral del Mar”, que alucinaba con lo que veía en el funeral de Chema. Con esa pregunta, empecé a hablar con familiares y amigos suyos. Y uno me llevó a otro. Y este otro, a otros tantos más… Tengo registradas ciento treinta entrevistas, aunque, en realidad, son muchas más, las conversaciones que he llegado a mantener para conocer a Chema. También he leído más de doscientos testimonios y he tenido la oportunidad de leer las cartas que escribía, los correos, las notas que tomaba en su smartphone… Con todo esto, ¿cuál es mi respuesta? Pues que Chema era un hombre con una vida interior tan grande que le llevó a ser muy amigo de sus amigos. Y por “amigo” me refiero a todo el mundo que tuvo ocasión de estar, aunque fuera un momento solo, con él.

“Solo un momento”…

Sí. En el libro cuento algunas anécdotas de estas, pero he hablado con más de una persona que tuvo la oportunidad de estar con él solo unos meses antes de su muerte y ya me hablaba de “mi amigo Chema”. Incluso, hasta el punto de llorar contándome cosas de él.

¿Por qué escribir sobre una persona normal?

Porque Chema tuvo una vida muy difícil –muy dura, a veces–, pero que la vivió de un modo muy extraordinariamente normal.

¿Se puede ser cómo él?

Sí, claro. Esto no significa que ahora todas las familias tengan que ser tan numerosas como la suya, o que tengamos que ir por todo el mundo hablando dando formación a familias en muchos países… No. Es como lo de los talentos que cuenta Jesús en el Evangelio, ¿recuerdas? A uno da dos, a otro, cinco y, al tercero, uno. A cada cual, lo que le toca. Chema supo dar el máximo a los talentos que Dios le había dado. Es esto lo imitable.

¿Puedes contarnos qué es lo que más te ha impresionado de Chema?

Me han impresionado dos cosas, fundamentalmente. Una, la que te he comentado: cómo llegó a amar a los suyos y yo he notado –palpado, casi te diría– en el cariño con el que me han hablado de él. La otra hace referencia a un capítulo que muy pocos conocían: los dolores de Chema. Espiritualmente sufrió mucho. Pero ahora me refiero, sobre todo, a los dolores físicos. A los 19 años, Chema tuvo un accidente de coche muy grave. Pudo haber muerto. Desde entonces, el dolor fue su “compañero de la vida” –como escribió en algunas notas–, y se agudizó con la edad. He tenido acceso a todo su historial médico y, al ir cruzándolo con todo lo que hacía, yo alucinaba. Un dato: solo los últimos cinco, siete años, que fue cuando peor estuvo, viajó a dieciséis países. No precisamente para hacer turismo, sino para hablar de la familia. Uno de sus dos grandes temas.

¿Y cuál es el otro?

Sin duda alguna, la amistad.