A ti te digo, ¡Ven!

El Papa se adentra ahora en una de las cuestiones más debatidas y más necesarias: ¿Cómo podemos llevar a Jesús a los jóvenes? ¿Cómo hacer atractiva la Cruz? Nos habrá pasado a todos alguna vez que nos preguntan que por qué vamos a Misa si es un rollo, por qué creer si es para débiles y solo una tabla de salvación para creer en algo más allá y consolarnos por la muerte de alguien… Son argumentos típicos, inquietudes que están en todos los jóvenes.

¿Y quién mejor que nosotros, jóvenes, para llevar el mensaje de Jesús a la universidad, a todos nuestros círculos? El Papa nos propone que nos comprometamos con la pastoral juvenil, «Se trata de poner en juego la astucia, el ingenio y el conocimiento que tienen los mismos jóvenes de la sensibilidad, el lenguaje y las problemáticas de los demás jóvenes» (CV, 203).

«La pastoral juvenil necesita adquirir otra flexibilidad, y convocar a los jóvenes a eventos, a acontecimientos que cada tanto les ofrezcan un lugar donde no solo reciban formación, sino que también les permitan compartir la vida, celebrar, cantar, escuchar testimonios reales y experimentar el encuentro comunitario con el Dios vivo» (CV, 204).

¿Cómo hacer atractiva la Iglesia? ¡Piénsalo!

Ahora bien, nunca hay que olvidar que se deben seguir dos grandes líneas de acción, la búsqueda continua de más jóvenes a quién transmitir la alegría del Evangelio y la maduración en la fe de aquellos que ya se han encontrado con Cristo, la alegría de la vida.

¡Qué bueno es el Santo Padre! Nos dice: «Solo hay que estimular a los jóvenes y darles libertad para que ellos se entusiasmen misionando en los ámbitos juveniles. Lo más importante es que cada joven se atreva a sembrar el primer anuncio en esa tierra fértil que es el corazón de otro joven» (CV, 210). ¿A ti qué se te ocurre?

Y a todos nosotros, deseosos de transmitir la alegría de ser de Cristo nos dice: «Calmemos la obsesión por transmitir un cúmulo de contenidos doctrinales, y ante todo tratemos de suscitar y arraigar grandes experiencias que sostienen la vida cristiana. Recordémosles siempre la experiencia de ese gran Amor» (CV, 211). Qué audaz es el Santo Padre, ¡cómo nos conoce! Eso no significa que no tengamos que transmitir una formación moral, doctrinal y espiritual sólida, pero no solo. ¿Cómo acompañamos nosotros el crecimiento de aquellos que se acaban de encontrar con Cristo y con su Iglesia? Nunca hay que olvidar que la fe es un encuentro con ese Amor hecho carne por nosotros.

Tenemos que aprender a acoger a todos, sin distinción, que nuestros grupos sean arca, sean consuelo para aquellos jóvenes que están buscando la respuesta a sus inquietudes, a sus miedos… ¡Cuánto desarraigo hay en nuestros contemporáneos! Crea un hogar, una casa de comunión. ¡Ánimo!