Carta abierta a Isabel Celaá

Estimada Isabel:

Mi nombre es Patxi Bronchalo, y soy un cura. Quizás por ello pueda entrar el prejuicio de que ya imaginará lo que voy a defender, y tenga la tentación de no seguir leyendo, pero le pido que continúe, pues soy también un ciudadano del país en el que usted ha sido ministra, y la política es un servicio público a todas las personas de una nación.

Sus palabras en el Congreso de Escuelas Católicas me han sorprendido mucho. Es enriquecedor escuchar distintas voces que, desde la experiencia del mundo educativo, puedan ayudar a construir una sociedad mejor. Por el contrario, la mentira y la manipulación son penosas, y más aún en grandes auditorios que, con buena voluntad, abren sus puertas a personas de sensibilidades distintas.

Usted ha mentido y ha manipulado. Ha dicho que «de ninguna manera puede decirse que el derecho de los padres a escoger una enseñanza religiosa o a elegir centro educativo podrían ser parte de la libertad de enseñanza», y ha añadido que esos derechos «no son emanación estricta de la libertad reconocida en el Artículo 27 de la Constitución».

Ese Artículo 27 de la Constitución dice literalmente en el punto 3 que «los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones». Nos puede gustar más o menos, pero la Constitución rige la democracia, y los poderes públicos están para velar por su cumplimiento.

Usted es de un partido, el PSOE, que se jacta de llevar por bandera la ayuda y defensa de los pobres, pero sus declaraciones van en la línea contraria. Decir que la Constitución no ampara a los padres para que puedan elegir la educación religiosa de sus hijos es discriminar a miles de familias con pocos recursos que quieren acceder a ese tipo de educación. Como en alguna ocasión he escuchado decir al señor Pedro Sánchez, creo que necesita usted pisar más calle.

Mi buen amigo Julián dice que, cuando mientes y manipulas, siempre hay algo que queda. Así es. El daño ya está hecho. Tristemente, muchas personas se quedarán con sus palabras y no leerán jamás lo que dice la Constitución que les ampara y que ha hecho posible que usted haya sido invitada a un acto así en calidad de lo que fue. En mucha gente quedará sembrada la semilla de la sospecha hacia la educación religiosa y hacia aquellas familias que ejercen su derecho a elegirla, dejándolas señaladas y encasilladas en un estereotipo social injusto —como cualquier estereotipo lo es—.

Fue Stalin el que dijo que «la educación es un arma cuyos efectos dependen de quien la tiene en sus manos y a quien estáapuntada», y como bien sabrá, ya tenemos demasiados enfrentamientos y divisiones en España. Por favor, no use la educación como arma para un nuevo conflicto social.

¿Por qué tanta inquina, Isabel? Dígame, de corazón, que no está poniendo la ideología por encima de las personas. Rezo por usted.

Saludos cordiales.

Patxi Bronchalo, un cura que estudió en la pública.