Abuelo, ¡me importas!

El Papa Francisco es tajante e incisivo en este nuevo capítulo de Christus Vivit, ¿el mensaje? ¡Ama a tus abuelos! ¡Ama tus raíces! 

El Papa empieza hablando de la importancia de tener raíces, ¿sabes cuáles son las tuyas? Desconfía de aquellas personas que te dicen que te olvides de tus raíces, de dónde vienes, que te liberes de aquello que eres… «Esas personas los necesitan vacíos, desarraigados, desconfiados de todo, para que solo confíen en sus promesas y se sometan a sus planes. Así funcionan las ideologías» (CV, 181).

La juventud no está para idolatrarla, para despreciar todo aquello que no sea nuevo ni joven. No idolatres ni tu cuerpo ni tu juventud. No podemos permitir que se nos utilice para fomentar una vida superficial. Tenemos que mostrar una sana juventud. Porque… «Hay hermosura más allá de la apariencia o de la moda» (CV, 183). Tenemos la tarea de mostrar la belleza de la Cruz.

El Santo Padre nos propone otro camino a esa idolatría de la juventud, «Les propongo otro camino, hecho de libertad, de entusiasmo, de creatividad, de horizontes nuevos, pero cultivando al mismo tiempo esas raíces que alimentan y sostienen» (CV, 184).

Ahora mira, ¿cómo es tu relación con los ancianos, con tus abuelos? ¿Recoges su experiencia? ¿Su sabiduría? ¿Te haces cargo de lo que ellos vivieron y de lo que nos han transmitido? Como dice el refrán: «Si el joven supiese y el viejo pudiese, no habría cosa que no se hiciese». Dice el Papa, «Si los jóvenes y los viejos se abren al Espíritu Santo, ambos producen una combinación maravillosa» (CV, 192). En su libro La sabiduría de los años, el Papa Francisco exhortaba «A los jóvenes de hoy en día que viven su propia mezcla de ambiciones heroicas y de inseguridades, podemos recordarles que una vida sin amor es una vida infecunda».

María Gabriela Perín, huérfana de padres desde recién nacida, nos recuerda: «Lo que yo sé es que Dios crea historias. En su genialidad y su misericordia, Él toma nuestros triunfos y fracasos y teje hermosos tapices que están llenos de ironía. El reverso del tejido puede parecer desordenado con sus hilos enredados –los acontecimientos de nuestra vida– y tal vez sea ese lado con el que nos obsesionamos cuando tenemos dudas. Sin embargo, el lado bueno del tapiz muestra una historia magnífica, y ese es el lado que ve Dios». Cuando las personas mayores miran atentamente la vida, a menudo saben de modo instintivo lo que hay detrás de los hilos enredados y reconocen lo que Dios hace creativamente aun con nuestros errores» (CV, 198).

Cuida de los ancianos de tu entorno, ínstales a ver que aún no solo son valiosos, sino necesarios. Que no se piensen que no tienen nada que enseñarnos, sino todo lo contrario, que sus vidas son testimonio de entrega, de sacrificio y de un amor fecundo. ¿Cómo cuidas a tus abuelos? ¿Vas alguna vez a alguna residencia de ancianos? ¡Hagámosles sentir importantes porque lo son!