La búsqueda de Julia

Aprender a amar también es aprender a buscar. Julia Monzón nos lo enseñó el lunes pasado con su testimonio. Además, la primera lectura que nos propone hoy la liturgia nos anima, providencialmente, a buscar a Dios «con corazón entero. (Ya que) lo encuentran los que no exigen pruebas, y se revela a los que no desconfían». Este camino es el que ha emprendido Julia para aprender a amar.

Lo primero que nos enseña es a confiar en la bondad de las personas. Esto nos puede resultar difícil muchas veces. Todos hemos tenido experiencia de gente que nos ha tratado mal, que se aprovecha de los demás o que busca su propio interés. Por eso muchas personas acaban viviendo con desconfianza. Ahora bien, el testimonio de Julia nos hace ver que su Fe está por encima de las circunstancias, no determinada por ellas. Por eso es capaz de buscar, «el amor y la luz que todo el mundo tiene en su interior», que igual a primera vista no se ve, pero que ella, al creer que está allí, ¡es capaz de buscarlo y sacarlo para que los demás lo vean!

Y nosotros, ¿qué? ¿Qué lugar ocupa nuestra Fe en el día a día? ¿Somos conscientes de que Dios me llama a descubrir su Rostro, Jesucristo, en cada persona?

La segunda enseñanza de Julia es muy bonita. Tiene que ver con aquello que a cada uno nos mueve, nos gusta o nos atrae. Dios nos llama a buscarlo en todo, sobre todo en aquello que nos apasiona. En su caso, la pasión es la música, que le ha llevado a acercarse cada vez más a Dios y a crecer como músico y como persona. Por ello, no se trata solo de hacer lo que me gusta, sino que en aquello que me gusta veo la llamada de Dios a entregarme a Él y a los demás, me hace crecer en el Amor a Dios y a los hermanos.

Hoy, el sonido del órgano que toca Julia es capaz de «levantar poderosamente las almas hacia Dios y hacia las realidades celestiales» (SC 120). ¡Ojalá también lo sea, con la ayuda de Dios, nuestro testimonio de vida cristiana!