Antes de entrar en el tema de nuestro rato de oración ante Jesús, que nos ve y que nos oye, quería que meditáramos lo importante que es nuestra entrega personal. Muchas veces podemos pensar que la correspondencia al don que Dios nos ha dado es muy importante para nosotros mismos y realmente lo es porque es un regalo de Dios pero no podemos olvidar, que nuestra entrega, nuestra correspondencia al regalo de Dios es un signo para los demás.

Un signo de que se puede ser santo, pero para eso hay que poner medios y hay uno que es imprescindible: la dirección espiritual.