¿Qué nos hace más humanos?

Como todos, cuando no estoy contenta con una situación, intento cambiarla, mejorarla, hacerla más conveniente para mí.

Rezo por ello muchas veces, y las veces que siento que no Me hace caso, me rebelo pensando; ¿Por qué Señor, por qué por una vez no pueden ser las cosas como yo quiero?

Sin embargo, el tiempo me muestra que yo no poseo la visión suficiente para ver las cosas con la perspectiva necesaria, porque solo soy una persona con muchas limitaciones, entre ellas el egoísmo de imponer mi voluntad tal y como me dicta mi naturaleza humana.

Cuando veo que al final, haciendo todo lo que puedo de mi parte, sin forzar nada, todo se va ordenando y que las situaciones se arreglan siempre para mejor, me doy cuenta de lo tonta que he sido por insistir tanto en cosas que no eran para mí. Por eso intento tener presente un dicho que escuché hace mucho tiempo: “Cuando es para ti, ni aunque te quites… y cuando no, ni aunque te pongas”.

He llegado a la conclusión de que la vida nunca será como deseamos al cien por cien. Hay ocasiones en las que sí parece que lo sea, al menos por unos instantes, parece que podemos rozar con los dedos una estabilidad perfecta, la ausencia de problemas, ninguna incomodidad. Y cuando estamos a punto de conseguirlo y vemos que se nos escapa, nos preguntamos por qué la vida es tan injusta.

Con el tiempo creo que he entendido el motivo. Los problemas, las dificultades, es lo que nos hace humanos. Si alcanzásemos una vida perfecta, nos convertiríamos en seres aún más frívolos, incapaces de empatizar con la vida de los demás, estaríamos demasiado cómodos como para salir de nosotros mismos.  En esos momentos puedo pensar: Gracias Dios, gracias por permitir que mi vida no sea perfecta, gracias por no dejar que sea indolente a los problemas de los demás, gracias por hacerme más humana.

Mai García