El matrimonio no es «Game Over»

Este post sobre el matrimonio está escrito por nuestra amiga Lucía M. Alcalde en su blog #MakeLoveHappen:

Seguramente hayáis visto alguna vez una camiseta en la que sale un icono de unos novios con una inscripción: «Game over». La suelen vestir algunos chicos en sus despedidas de soltero. En la misma línea existen los cánticos tipo «Te casaste, la cagaste» que pueden salpicar hasta el mismo día B, con un gusto más que dudoso. Y así también expresiones, comentarios, chistes, bromitas… que sugieren que el matrimonio es una trampa, un enterrarse en vida, un error, y que lo es especialmente para los chicos —una visión un poco machista, ¿no?—.

Manifestaciones de este tipo siempre me han chirriado. No he podido entender que algunos tíos que con sus novias son unos enamorados cual trovadores medievales, digievolucionen (o digi-des-evolucionen) en bruticos cuando están entre sus colegas. Si yo soy un tipo a punto de casarse y mis amigos me vienen con una camiseta tipo game over, se la ponen ellos de sombrero. «¡Pero si es solo una broma!». Es que ni le veo la gracia, y mira que me río de chistes malos… Y luego que, «entre broma y broma, la verdad se asoma», y al final no sé hasta qué punto estas cosas configuran una mentalidad o es la mentalidad la que las produce o se retroalimenta todo…

Hombres, os necesitamos fuertes, también en esto: que seáis  capaces de mostrar a otros hombres la potencia y el atractivo que hay en una libertad entregada a una mujer.

Y aunque el llamamiento vaya especialmente hacia la parte masculina de la población —porque es donde la EPA (Experiencia Propia y Ajena) muestra que hay más ejemplos de este tipo—, creo que la mentalidad que subyace nos afecta a todos en algún grado.

Pero ¿qué ideas —prejuicios— parece que hay de fondo tras la mentalidad del matrimonio como game over?

«CUANDO TE CASAS, RENUNCIAS A TUS COSAS»

Bueno. Realmente no. Cuando te casas te entregas por entero. Pero entregarte no es perderte, porque te entregas a la persona que tienes al lado y que sujeta tu vida y todo lo tuyo con sus manos, como haces tú con su vida y todo lo suyo.

Como os contaba en este post:

«Estar casados no significa pasar juntos las 24 horas al día 7 días a la semana. (…) Hay que aprender a distribuirse el tiempo: si sois más tipo-lapa tendréis que ganar una sana independencia y saber tener un espacio para cada uno donde poder tomar cañas con amigos, practicar un deporte, tocar la viola… todas esas cosas que os enriquecen a cada uno personalmente y, por tanto, enriquecen vuestro matrimonio»

Tampoco es que tu marido / tu mujer sea un compañero de piso sin más. Hay que encontrar el equilibrio. Pero no pienses, para nada, que el matrimonio te empobrecerá, te quitará algo o te hará ser menos tú. Todo lo contrario.

«CUANDO TE CASAS, SE ACABA LA POSIBILIDAD DE LIGOTEO CON OTROS/AS»

Bueno. Pues si has apostado por un amor del bueno, para siempre, mejor que sí. Ahora que se habla del poliamor y derivados, Frabice Hadjadj propone lo que llama una «poligamia de fondo»:

«”Yo tenía un amigo que no quería casarse”, cuenta Paulhan. “Me decía: ‘Cuando uno se casa tiene que renunciar a todas las mujeres, excepto a una’. Yo sabía muy bien qué responderle: ‘Cuando uno no se casa, renuncia a todas las mujeres, y a una más’”. Paulhan no iba lo bastante lejos. Yo sugiero una respuesta más realista: cuando uno se casa, acoge a todas las mujeres en una. Pero hay que ser lo bastante contemplativo para darse cuenta. Y lo bastante sufrido. De ahí la enorme dificultad. Se trata, por así decir, de una poligamia de fondo».

La fidelidad no tiene buena fama hoy en día pero creo que en nuestro interior —aunque sea muy en lo hondo— todos la deseamos, todos queremos poder amar a alguien para siempre y que eso sea recíproco. Pero como nos cuesta alcanzar este deseo, es más fácil decir que es imposible que intentar esforzarse un poco más. Eso sí: podemos decir lo que queramos, pero el anhelo que llevamos dentro es el que es, aunque lo intentemos silenciar o contarnos cuentos chinos.

El «para siempre» no es solo esfuerzo, no es solo apretar los puños, es un regalo, es la manera de amar mejor.

[Aunque este punto está formulado hacia los chicos es perfectamente aplicable a las chicas]

SI TIENES MENTALIDAD DE GAME OVER NO TE CASES

Entrega, fidelidad, esfuerzo, compartir… Son nociones que pueden sonar bonitas pero no todo el mundo está dispuesto a asumirlas en su vida. Pues oye, chico, no pasa nada, nadie te obliga a casarte. Si para ti supone mucho, hay otras variantes disponibles en esta sociedad. (Eso sí, con amorcillos temporales no esperes alcanzar la felicidad que solo se consigue amando de verdad).

El único game over que sucede al entregarte es el de tu egoísmo, el de mirarte solo tu ombligo —una vista muy limitada, por otra parte—, el de la libertad que entiendes como simplemente «yo me lo guiso, yo me lo como» —también una visión muy corta—, el game over a la soledad, al aburrimiento, a una vida gris.

En este post os compartía mis pensamientos antes de casarme, al ser consciente de que nunca más iba a estar sola yo a mi rollo. La conclusión era esta:

«Nunca más vivir solo tu vida. Vivir dos, vivir tres, cuatro… las que vengan. Nunca más a tu ritmo sino a decenas de ritmos distintos cada día. Días llenos de sueño, sí, y de sueños. Nunca más sola. Suena bien. Suena muy bien».

MENTALIDAD GAME OVER VS MENTALIDAD AVENTURERA

Nos mola creernos aventureros cuando en el fondo somos unos controllers. Pero si esto es así es porque en el fondo deseamos la aventura porque «decir que el matrimonio es una aventura no es un intento cursi de hacer de algo cotidiano algo épico. Es más bien la constatación de un hecho». Para comprobarlo solo hay que echar un vistazo a las características de una verdadera odisea.

A la youtuber Emily Wilson le dijeron una vez: «Por favor, para de decir a las mujeres que el matrimonio es épico». Su respuesta fue básicamente que no podía dejar de hacerlo porque para ella el matrimonio había sido la elección más genial y aventurera que había hecho en su vida: «Hay épica en cada uno de nuestros días porque estamos intentando hacernos crecer mutuamente, y aprender a sacrificarnos por el otro, y aprender a amarnos más, y eso es un esfuerzo precioso».

Emily sugiere además que esto no es para todo el mundo. Que no es para ti si no estás dispuesto a luchar por el otro, a dejar de pensar solo en ti mismo. Como decía más arriba: la aventura no es para todos. Puede que duela constatarlo porque en el fondo te piensas que eres un aventurero, pero entonces párate y piensa. Si lo que llamas aventura lo es de verdad. Si no te vale la pena arriesgar más por una meta alta, grande, épica.

Decir que el matrimonio es épico no es solo una frase bonita para decirla el día de la boda en un momento de exaltación. Es una realidad para no olvidarla, para vivirla, una invitación para encontrar esa épica en cada cosa. No se trata de poner nada en un pedestal, ni de sobredimensionarlo, ni de dar una imagen que no es… pero tampoco podemos fallar en darle el valor que tiene. No podemos olvidar la grandeza de unas vidas que se entregan —y de cuya entrega pueden nacer nuevas vidas—. La aventura que comienza con dos «sí».