Primeras experiencias de fe

Se ha dejado al romanticismo de la experiencia, la verdad de la vida. Al menos en lo religioso, pero no en otros ámbitos. Se nos ha colado que debemos tener “experiencia de Dios” para creer en Él. Pura apuesta epistemológica por un conocimiento que proviene exclusivamente de lo que se ve, se nota, se siente. Como si toda experiencia diera lugar a algo decisivo en la vida.

Las primeras experiencias religiosas, en las que se pone en juego verdaderamente la fe y la necesidad de elegir, son decisiones vitales que provienen de algún lugar, de opciones previas. O lo entendemos y reconocemos el lugar y el tiempo en el que hemos nacido, o todo vendrá a ser menos. Como consecuencia: padres a los que se exige respetar las experiencias de sus hijos, sin darles definitivamente un horizonte en el que vivir; lo cual es poco menos que lanzarlos a la mar y que pase cualquier cosa. Una cultura que rechaza toda experiencia distinta de la suya, con sus ideas elocuentemente narradas y traspasadas al corazón de quienes comienzan a dar sus primeros pasos, gobernando así sus experiencias desde las ideas, reconociendo que lo que proponen en definitiva en una pura mentira.

Hemos dejado de hablar de “actos de fe”, en el sentido que tenía en origen: actualización, acción pura y dura, respuesta libre y personal. Un “acto de fe” es levantarse con esperanza, abiertos a lo que pueda suceder para responder con la propia vida. Un “acto de fe” es entrar en ciertos lugares con delicadeza, con suavidad, con atención, con respeto, con devoción. Un “acto de fe” es dar parte de sí al prójimo, sea un hijo, sea la mujer o el marido, sea un compañero, sea un alumno, sea un desconocido, sea alguien que necesita. Un “acto de fe” es confiar, en última instancia en la propia bondad y la bondad del otro, sabiendo que el Bien ni procede de mí ni del otro. Un “acto de fe” es permanecer, resistir, aguantar el mal, no responder al mal con mal, no tejer a las espaldas e ir de frente, elegir dar testimonio en lugar de ocultarse. Un “acto de fe” es pura vocación y la vocación es pura fe.

José Fernando Juan @josefer_juan