El Brexit

Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad.

En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí.

Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo:

«Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa».

Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento.

Al ver esto, todos murmuraban diciendo:

«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».

Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor:

«Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más».

Jesús le dijo:

«Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

Las etiquetas

En un programa de la radio estaban hablando del Brexit y uno de los participantes decía que el General de Gaulle consideraba al Reino Unido incompatible con Europa. Según se pensaba la tradición en contra del Continente es muy fuerte en esas Islas.

Y entonces, el conductor del programa le dio la palabra a otros de los que participaban en el programa, que según aclaró era simpatizante de los ingleses. Precisamente éste anglófilo añadió: –Es cierto que hay esa corriente anti europea en las Islas Británicas…

Nosotros nos encontramos con gente que ya tienen una determinada visión de la vida, un carácter determinado, y que ha fraguado de una determinada forma de pensar y de actuar.

Por eso a eso a los que ya han fraguado en su personalidad se les llega a clasificar. En el caso del Evangelio de san Lucas a ciertos hebreos se les etiqueta como publicanos.

Con la clasificación nos quedamos tranquilos, porque al poder definir algo y tenerlo estructurado sabemos a qué atenernos: es pro brexit o es pro europeo.

En nuestro caso podemos pensar que en la vida hay términos medios. De ahí que observemos que en el Reino Unido también existen indecisos y unionistas radicales de Irlanda. No solo están los partidarios o no partidarios del Brexit.

En el relato de san Lucas en el que nos habla de Zaqueo, no solo se le etiqueta como publicano sino como jefe de publicanos.

En la época de la que habla el evangelio, y no digo en tiempos de Jesús, porque los tiempos de Jesús también son estos: entonces se hablaba de fariseos, publicanos, saduceos, príncipes de los judíos… Y cada uno podía haber actuado según su rol, su papel, con los defectos que podía tener ese grupo.

Corregir poco a poco

En ocasiones, el Señor corrige a una tipología de personas, mejor dicho, a varias. Por algo sería. Seguro porque aquellos hombres podían cambiar. De lo contrario, sino hubiera servido para nada, Jesús se hubiera cayado.

El libro de la Sabiduría dice expresamente que el Señor corrige poco a poco a los que caen, les recuerdas su pecado y los reprendes para que se conviertan (Primera Lectura de la Misa: 11, 22-12, 2).

Cuando uno quiere a una persona intenta corregirla una y otra vez, porque sino consigue que mejore, por lo menos la cosa no va a peor. Si nos dan por perdido es que no nos quieren. O es que consideran que no podemos cambiar porque nuestro carácter está muy hecho.

Por eso hemos de agradecer que nos den continuas oportunidades, como nos las da el Señor, porque aunque puede que seamos fariseos o publicanos podremos ser como Zaqueo, personas que cambian de vida.

Pero lo importante no es desahogarnos: el objetivo de la corrección es el cambio de las personas, no echar fuera el mal humor. Por eso hay que ver cuál es el mejor medio para que mejoren. Pero el Señor conocía el alcance de sus palabras en el alma de los demás, nosotros no.

Por mi parte no he encontrado todavía una persona, que haga mejor su trabajo fijándose en lo malo que hace que dentro de un espíritu de aprobación de sus cualidades. Porque todo el mundo necesita –como el comer– que le apreciemos las cosas que hace bien.

Con razón se ha dicho que “el principio más profundo del carácter humano es el anhelo de ser apreciado« (citado en Dale Carnegie, Como ganar amigos e influir sobre las personas, capítulo 2).

Al tratar a la gente tenemos que recordar que no tratamos con criaturasgicas, porque el ser humano, y más después de la caída, no solo actúa movido por la inteligencia.

En el día a día nosotros nos relacionamos con personas emotivas, que en ocasiones tienen prejuicios, y que puede ser que se sientan movidas por el orgullo y la vanidad (cfr Ibídem, I, 1).

La realidad es que nunca fuimos ángeles. Y nos afecta mucho cómo nos dicen las cosas, no solo el mensaje.

Por eso si queremos provocar un resentimiento que dure años, o incluso que siga activo hasta la muerte, no tenemos más que hacer a alguien una crítica malévola (cfr Ibídem, I, 1).

La experiencia nos dice que casi nadie se critica a sí mismo, por grandes que sean sus errores. Pues si encima la censura la hacemos los demás y es ácida, entonces la otra persona se pondrá a la defensiva, y hará que trate de justificarse. Esa crítica negativa es muy peligrosa porque hiere en lo más profundo y despierta su resentimiento (cfr Ibídem).

Casi con toda certeza, la persona a la que corregimos con dureza tratará de justificarse y tratará de censurarnos a su vez. Se ha dicho, con mucha razón, que esas críticas son como palomas mensajeras. Siempre vuelven al nido (cfr Ibídem).

Lo más práctico

Y si alguna vez deseamos modificar y mejorar drásticamente a alguien, pensemos que eso está muy bien, pero que lo más práctico es empezar por nosotros mismos. Desde un punto de vista puramente egoísta, eso es mucho más provechoso que tratar de mejorar a los demás. Y mucho menos peligroso (cfr Ibídem). Por eso decía santa Teresa “miremos nuestras faltas y no las ajenas

«No te quejes de la nieve en el techo del vecino -decía Confucio- cuando también cubre el umbral de tu casa (citado en Ibídem)

En la historia de los Estados Unidos hay una guerra civil que les ha marcado profundamente. En un momento de esa contienda Lee, el principal general secesionista se encontraba rodeado. No podía escapar. Lincoln, en el bando de la unión, se dio perfectamente cuenta de que se presentaba la oportunidad como enviada por el cielo: la oportunidad de derrotar al ejército de Lee y poner rápidamente fin a la guerra.

Entonces Abrahán Lincoln ordenó al general Meade que que atacara inmediatamente a Lee. Telegrafió estas órdenes y envió un mensajero especial a ese general para que se diera rápidamente el golpe de gracia al ejercito de Lee.

Pero ¿qué hizo el general Meade? Exactamente lo contrario de lo que se le decía. Y el ejercito de los secesionistas comandados por Lee se escapó. Porque el general unionista desoyó las ordenes de Abrahán Lincoln.

Como es lógico, cuanto Lincoln se enteró, estaba furioso. Tenemos que ponernos en su lugar, era un momento muy importante de la historia. He leído como Abrahán Lincoln le decía a su hijo Robert: –«¿Qué es esto? ¡Gran Dios! ¿Qué es esto?

Entonces el presidente se acercó a escribirle al general Meade, que le había desobedecido tan ostensiblemente. Hay que decir que, por el carácter apacible de este presidente, esta carta, escrita por Lincoln en 1863, equivalía al máximo reproche.

«Mi querido general:

No creo que comprenda usted la magnitud de la desgracia que representa la retirada de Lee. Estaba a nuestro alcance, y su captura hubiera significado… el fin de la guerra… Ahora se prolongará indefinidamente.

Sería irrazonable esperar, y yo no lo espero, que ahora pueda usted lograr mucho. Su mejor oportunidad ha desaparecido, y estoy indeciblemente angustiado a causa de ello

¿Sabéis lo que hizo el general Meade al leer esta carta? Nada, porque no la vio jamás. Lincoln no la envió. Fue encontrada entre los papeles del presidente, después de su muerte.

Una de las opiniones, que hay al respecto es que, después de escribirla, Lincoln se dijo:

«Un momento. Tal vez no debiera ser tan precipitado. Me es muy fácil, aquí sentado en la quietud de la Casa Blanca, ordenar a Meade que ataque; pero si hubiese estado en el frente y hubiese visto tanta sangre como ha visto Meade en la última semana, y hubiese oido los gritos de los heridos y moribundos, quizá no habría tenido tantas ansias de atacar.

Si yo tuviese el tímido temperamento de Meade, quizá habría hecho lo mismo que él. De todos modos, es agua que ya ha pasado bajo el puente.

Si envío esta carta, calmaré mis sentimientos, pero haré que Meade trate de justificar sus actos. Haré que él me censure a su vez. Despertaré resquemores, disminuiré su utilidad futura como jefe militar, y lo llevaré acaso a renunciar al ejército«.

Y Lincoln dejó a un lado la carta. Por experiencia personal, antes de llegar a la presidencia, había aprendido que las críticas y reproches acerbos son casi siempre inútiles.

Cuando una persona quiere a otras los corrige –así hacen las madres– y les da una nueva oportunidad.

Veíamos al principio que en el programa de radio el director le dio la oportunidad a un amigo de los ingleses para que dijera su opinión sobre el Brexit

Precisamente éste anglófilo añadió:–Es cierto que hay esa corriente anti europea en las Islas Británicas… , pero había que intentarlo.

Algo por el estilo hacía Jesús, cuando decía, hablando de Zaqueo:

Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

Antonio Balsera

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31 Domingo T. O. C

Primera Lectura

Te compadeces de todos, porque amas a todos los seres

Sab 11, 22 — 12, 2

Salmo Responsorial

Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi Rey.

Sal 144, 1-2. 8-9. 10-11. 13cd-14 (: cf. 1)

Segunda Lectura

El nombre de Cristo será glorificado en vosotros y vosotros en él

2 Tes 1, 11 — 2, 2

Evangelio

El Hijo del hombre ha venido a buscar ya salvar lo que estaba perdido

Lc 19, 1-10