El camino de la Fé. Testimonio de Glo Silva.

    Yo pienso que todo camino de FE inicia con una semilla que Dios planta en el corazón de cada uno de nosotros y que está ahí desde el momento de nuestra concepción; esa FE se debe de nutrir, primero depende de nuestros padres, pero cuando ya estamos lo suficientemente conscientes y maduros, depende de nosotros para que pueda echar raíces profundas y que crezca como un árbol muy firme, ya que nos ayudará a sostenernos en los momentos de adversidad en nuestra vida.
    Mi camino de FE inició desde antes que yo naciera, mi bisabuelo paterno fue Cristero, lo exiliaron a los Estados Unidos y allá formó «Acción Católica»; siempre traía un Rosario en su pantalón. De ese lado de la familia, de parte de mi abuela paterna, hubo muchas vocaciones religiosas: 3 sacerdotes, 2 religiosas y 2 religiosos lasallistas. Por otra parte, del lado de mi familia materna, estuvo mi bisabuela, quien siempre traía colgado un rosario en el cinturón de su falda y aportó dinero para formar una Iglesia; además de mi abuela, quien unió fuerzas con otra señora para juntar dinero (vendiendo tamales) y con el permiso del sacerdote de la Iglesia María Auxiliadora, construyeron la Capilla San Juan Bosco.
    Curiosamente mis papás me inscribieron en un colegio salesiano, en donde los patrones eran ellos (María Auxiliadora y Don Bosco) junto con Madre María Mazzarello, Santo Domingo Savio y la Beata Laura Vicuña; creo que ahí mi camino de FE empezó a tomar forma y un poco de rumbo.
    Estuve toda la primaria y secundaria en ese colegio (Instituo Excélsior) y saliendo de ahí entré a una preparatoria de la Universidad Autónoma de Nuevo León (la cual era laica), no tengo muchos recuerdos de haber sido una católica muy activa en ese tiempo; sin embargo, generalmente asistía a misa con mi familia y me confesaba. Después de graduarme, entré a una Universidad para estudiar Diseño Gráfico y ahí estuve 5 semestres hasta que decidí cambiarme en el 2010 a la UDEM (Universidad de Monterrey), la cuál es una institución de inspiración católica y ahí, gracias a Dios, terminé mi carrera (creo que el Señor quería que estuviera cerca de instituciones católicas).
    A finales del año 2012, en la Parroquia Santa Beatriz de Silva, a la cual asistía con mi familia, estaban invitando a un retiro de jóvenes y mi papá me volteó a ver y si mal no recuerdo me dijo algo así como: «Estaría bien» (el padre de familia debe ser quien lleve la FE a su hogar); me acerqué al final de la misa, sin embargo no pude asistir al retiro, pero pregunté si podía acudir al grupo, cosa muy extraña porque no conocía a nadie y sin embargo sí fui (definitivamente el Espíritu Santo actuando); la verdad es que me enamoré, me gustó muchísimo el grupo, Impulso es su nombre (su carisma es misionero) y ahí pasé una etapa muy feliz de mi vida, fui conociendo más de la Iglesia y fui creciendo personal y espiritualmente, me fui de misiones varias veces, viví el retiro del grupo, me tocó servir en algunos retiros y recuerdo con mucha alegría y cariño esa etapa de mi vida; además de eso, el sacerdote que en un tiempo fungió cómo vicario, me invitó en su momento a ser Ministro Extraordinario de la Comunión; yo me sentía importante.
    Entré a Impulso en noviembre del 2012 y me despedí casi casi con la última misión en abril-mayo del 2016. Y de Ministro, creo que seguí siéndolo un tiempo y luego me retiré por una razón egoísta disfrazada. Mi camino de FE empezó a ponerse oscuro.
    Empecé a buscar otro grupo al cual asistir, fui en dos ocasiones a un grupo pero no me sentía del todo identificada o que me hubiera hecho «clic»; lo dejé por un tiempo, después entre intermitentemente a un grupo de profesionistas en mi parroquia pero de igual forma no me llenaba, además que estuve un largo tiempo alejada de la gracia de Dios, nunca faltaba a misa pero no me confesaba, estaba muy cómoda como estaba y no confiaba en la misericordia de Dios (situación grave).
    En ese tiempo de oscuridad e indiferencia, Dios me fue presentando una parte de mí que no era muy bella, y yo que antes me jactaba de ser una persona de FE, ahora me daba cuenta de lo soberbia que había sido; y gracias a su misericordia, por fin me acerqué a la confesión.
    Aún me falta confiar más en el Señor, pero creo que he tratado de abandonarme un poco más en Él y de nuevo su gracia, su amor y su bondad se ha ido manifestando. Mi camino de FE ha empezado a hacer sentido.
    Por su gracia he encontrado una comunidad llamada Amor Verdadero, estoy tomando un curso de la «Teología del Cuerpo» de San Juan Pablo II, aún no entro a la comunidad pero me siento muy en paz, feliz y tranquila, creo que he encontrado el lugar en donde debo estar en este momento, y a pesar que aún me falta mucho por crecer y por recorrer, le agradezco a Dios el don de la FE que me ha regalado y espero con su gracia, acercarme cada vez más e Él y descubrir mi misión en la vida.
    La FE es un camino, nunca sabes por dónde te llevará, pero debes confiar en quien te está guiando. El camino de FE no estará libre de obstáculos ni estará tan iluminado como nos gustaría, ya que es un sendero que solo los valientes se atreven a caminar, es una confianza firme en que Jesús, nuestro Señor nos conducirá siempre a un bien mayor, porque Él quiere que nos salvemos. A veces podemos tener una FE débil y quebradiza pero solo basta mirar al cielo y pedirle a Dios: «Señor, aumenta mi FE». Que María Santísima nos ayude a decir todos los días ese «Hágase» con una FE firme como la de ella.
    «Tu FE te ha salvado. Vete en paz» Lc 7,50.
    Glo Silva