Una confesión cambio mi vida. David Cortés

    Me gustaría hablaros en este pequeño testimonio de cómo gracias a la Cruz me he acercado más al Señor y de cómo la Cruz ha resultado ser la que me ha encaminado en la vida. Yo me crié en una familia cristiana, de esas que iban a Misa todos los domingos, que nos llevaron a todos los hijos a colegios del Opus Dei, una familia católica tradicional. Cumplía, siempre por obligación, mis deberes de cristiano aunque realmente nunca quise al Señor. Es duro decir esto pero jamás lo quise y aunque antes no era consciente de ello ahora lo sé.

    En la universidad estudié periodismo y publicidad y empecé a acudir a los apostolados del Opus Dei, pero siempre, como se suele decir en un plan de cumplimiento (cumplo y miento) e incluso me hice supernumerario.

    Acabé la carrera y me fui a vivir solo. Eso fue muy joven, a los 22 años. Entré a trabajar en una buena empresa como Telefónica en el departamento de Publicidad: primero en Tarragona, donde estuve 4 años y luego me ascendieron y fui a vivir a Castellón. Mi vida era sólo trabajar, trabajar, salir con los amigos, navegar los fines de semana en vela ligera (que me apasiona) y Misa los domingos para acallar la conciencia… más cumplimiento.

    Pero llegó un día que ya ni a Misa los domingos iba. No me apetecía… prefería salir con los amigos a tomar unas cervecitas o hasta altas horas de la madrugada, ir a la playa o salir a navegar un rato así que dejé también la Obra.

    Así pasaron bastantes años… hasta que hace tres años enfermé de neumonía.

    Fue tan grave que estuve un mes en la UCI del hospital en Castellón donde vivía, trabajaba y tenía mi piso.

    Pero ni aun así me acerqué a Dios en ningún momento…

    Cuando se me curó la neumonía y como seguía de baja médica me volví a Barcelona para estar acompañado y cuidado por mi familia.

    A los dos meses, cuando ya iba a volver a trabajar el Señor me dijo: hasta aquí hemos llegado!! 

    El sistema inmunitario por culpa de la neumonía estaba afectado. Tuve una hemoptisis, que se llama, y que consiste en que te empiezan a sangrar los pulmones y empieza a salirte sangre por la boca. 

    Una hemoptisis “amenazante” la llamaron los médicos. Yo sólo recuerdo llegar acompañado por mis padres al hospital, con una toalla empapada en sangre en la boca y zas! Inyección al canto y dos meses en coma inducido.

    Al despertar mi vida había cambiado. Tenía que volver a aprender a caminar porque al estar en coma no podía mover ni los dedos de la mano.

    Me diagnosticaron “lupus eritematoso sistémico” y “síndrome antifosfolipídico catastrófico”. Dos enfermedades autoinmunes de golpe! Y me dieron la invalidez absoluta y una pensión puesto que la enfermedad me había afectado gravemente a los riñones y a los pulmones. Ya no podía hacer deporte al nivel de antes y además con el tiempo tendrán que trasplantarme un riñón. Esa es mi cruz de cada día y la ofrezco al Señor, sobretodo cuando veo a los demás hacer muchas cosas que yo no soy capaz ya de hacer.

    Hasta aquí la gente puede pensar: pobrecillo, tan joven y todo lo que le pasa.

    Pero yo os puedo decir que para mi todo esto ha sido una gran suerte! Ahora veréis por qué.

    Y en esas que llegó el verano. Y un gran amigo mío, numerario del Opus Dei, me invitó a ir a comer a Torreciudad porque estaba allí de convivencias. Yo acepté y fui a verle y de paso aproveché para quedarme en un hostal y ver toda la zona de Basrbastro. Me llevó al museo de los mártires claretianos y me impactó tanto su testimonio que allí empezó a obrar en mí el Señor.

    Tras la visita me quedé solo y decidí confesarme en la catedral, con un sacerdote muy bueno que me escuchó durante bastante tiempo y me dio el mejor consejo de mi vida: “si te quedas hasta mañana ve al Monasterio del Pueyo y agradécele a la Virgen esta confesión”. Yo hice lo que me indicó y llegué allí justo a la hora de la Adoración. Jamás había visto algo igual. Qué recogimiento! Allí estaba el Señor Y LA VIRGEN DEL PUEYO! 

    Ella me acogió y me encaminó a conocer el Instituto del Verbo Encarnado! Allí sentí ganas de conocer esa congregación que adoraba al Señor con tanto recogimiento.

    Busqué en internet y me puse en contacto con ellos. Empecé a asistir a la catequesis, entré como laico en la Tercera Orden del Instituto e hice los ejercicios espirituales en El Pueyo.

    Mi director espiritual me convenció, ya que no trabajaba, de ir a Italia a ayudar a su hermano en el seminario menor que tiene el Instituto y, a pesar de mis limitaciones y que sinceramente no me apetecía irme a Italia porque en casa estaba como un rey, he de reconocer que ha sido una de las mejores experiencia de mi vida.

    He aprendido que la entrega a los demás, por amor al Señor es lo mejor que podemos hacer en la vida. Y entregarse a los demás muchas veces también es cruz: porque a nadie le apetece levantarse a las 6:30 de la mañana, pasar frío, limpiar váteres sucios u hornos llenos de grasa, ir a hacer la compra, la comida, hacer de profesor… pero si lo haces con todo tu cariño, intentando ser como un hermano mayor para estos chicos que están fuera de su casa, preocupándote por ellos, rezando por ellos al final todo eso que tanto te cuesta se convierte en algo que deseas hacer, y todas aquellas cosas de la vida interior que antes te costaban ya no te cuestan.

    Y si encima ves que te ganas el cariño y la amistad de esos chicos y de los que te rodean ya estás recibiendo en la tierra el ciento por uno.

    Ahora me he vuelto a España porque la salud no iba tan bien como debiera, he empezado a practicar natación para mejorar la salud, estoy estudiando Teología en la Facultat de Teologia de Catalunya y hace poco la Providencia ha puesto en mi camino a un sacerdote recién ordenado, Pablo Pich-Aguilera, al que estoy echando una mano con lifeteen y refuerzo escolar en su parroquia, todo ello siempre abierto a que Dios siga obrando en mi vida y esperando saber corresponderle siempre con alegría.

    David Cortés Morales