Cuando todo cuesta al rezar, ¿sabes mirar el alma de tu alma?

La relación con Dios, es, o debe ser, una verdadera y continua relación personal, y más en concreto ¡una relación de amor! Y como toda relación, puede atravesar varias fases, etapas, ciclos… subidas y bajadas.

Como bien dice una canción que se suele oír en las adoraciones “deja que Dios sea Dios…” Dios… Creador y Señor, padre y amigo, si podemos experimentarle así (tema del que hablaremos más adelante), pero siempre, siempre, creador y Señor de nuestra vida. Para crecer en la vida espiritual, es importante conocer, recordar, profundizar en la naturaleza de esta vida. Y la primera, a la que a veces prestamos poca atención es que la primacía, la prioridad está en Él, que ama más, que es Omnipotente, que es el principal interesado ¡y le miramos poco! ¿No te parece que a veces hablamos mucho de Dios pero poco con Dios? Casi como quien habla del clima, un ¡clima que le interesa mucho! soleado para tomar el sol en la playa, con nieve buena para disfrutar de un finde de esquiada… pero siempre algo externo ¿sueles pensar en la intención y la ILUSIÓN que siente Dios al buscarte? Los hilos que, con amor, Él mueve para que vayas ese retiro, para que cierta persona hiciera tal comentario que tanta luz te dio, para que vieras aquella publicación en Instagram que parece que es precisamente para ti en este preciso momento…  un enamorado que no deja cabos sueltos.

Todo eso sucede porque te busca y te ama, y porque está en el fondo de tu alma, en el alma de tu alma. A ese rincón interior, no llega ni tu pecado ni tu fervor… es como la huella original que nos ha dejado, como un sistema operativo que siempre podrá volvernos a la luz, a la verdad, al bien… a Él.

¿Y qué pasa ahora mismo en esa alma de tu alma? Pues que el Espíritu Santo ahí dentro, habla con el Padre y con el Hijo, de ti, de lo mucho que te quieren, de todo lo bueno que hay en tu interior, de lo que deseas, temes y necesitas, es lo que nos dice San Pablo en la carta a los Romanos capítulo 8, versículos 26 y 27 “Igualmente, el mismo Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque no sabemos orar como es debido; pero es Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que sondea los corazones conoce el deseo del Espíritu y sabe que su intercesión en favor de los santos está de acuerdo con la voluntad divina”. 

Así, que cuando sientas que no puedes rezar, que no hay nada dentro de ti que contarle a Dios, con qué alabarlo o darle gloria… presta atención a ese sitio, esa alma de tu alma… y descansa en eso… admírate de esa conversación que tiene dentro de ti ¡y acerca de ti! la Santísima Trinidad… cuando algo bueno, grande, noble de repente sorprende tu alma… puedes estar seguro que sale de ahí, no es Dios desde fuera queriendo entrar en tu corazón, es Dios desde dentro, tocándote en el hombro sabiendo que le quieres dentro, y te recuerda que lleva ya mucho tiempo ahí, feliz.

Paulina Nuñez