Dios es mi Padre y mi Padre me ama

Seguimos recorriendo la exhortación Christus Vivit y es que esta vez el Papa nos quiere recordar un gran anuncio para todos los jóvenes: Dios es tu Padre y tu Padre te ama.

UN DIOS QUE ES AMOR

“Ante todo quiero decirle a cada uno la primera verdad: Dios te ama. Si ya lo escuchaste no importa, te lo quiero recordar: Dios te ama […]» (CV, 112).

Y aunque muchas veces no nos demos cuenta, Él nos busca, quiere salir en nuestro encuentro de formas diversas, por ejemplo, con una palabra, con un abrazo, con una Misa, con un anuncio, con una persona… El Señor es creativo y desea que te encuentres con Su Amor, eso sí, Él respeta tu libertad y solo se dejará encontrar si tú primero quieres encontrarle. Piensa ahora momentos en tu día en los que el Señor te ha mostrado Su Amor.

Dios nos ha amado primero infinitamente y ahora nos toca a nosotros responder a ese amor. ¿Que no somos nada? Ya lo sabe. ¿Que no somos valientes? Te creó así. ¿Que nadie nos hace caso? Confía en Él porque “Para Él realmente eres valioso, no eres insignificante, le importas, porque eres obra de sus manos. […]» (CV, 115).

Y el Santo Padre no quiere que olvides una cosa: «Cuanto te pide algo o cuando sencillamente permite esos desafíos que te presenta la vida, espera que le des un espacio para poder sacarte adelante, para promoverte, para madurarte. No le molesta que le expreses tus cuestionamientos, lo que le preocupa es que no le hables, que no te abras con sinceridad al diálogo con Él» (CV, 117). 

CRISTO TE SALVA

Esta es la segunda parte del mensaje: “Que Cristo, por amor, se entregó hasta el final para salvarte […]» (CV, 118).  Nos salvó y nos sigue salvando hoy en día. Esto me hace pensar de la imperiosa necesidad que tenemos de acudir a Él una y otra vez para que nos socorra. Jesús mismo en el Evangelio de ayer (Lc 18, 1-8) nos dice que oremos sin cesar. Cuando nos damos cuenta de lo que nos ha amado Dios queremos corresponder, pero a la vez descubrimos que no somos nada y que necesitamos de Su Gracia, de Su salvación para poder continuar, avanzar. Lo más importante es no desfallecer. No tirar la toalla, porque el demonio irá muy fuerte por ese lado. En los problemas, por difícil que nos sea hacer este acto, se trata de “ Mirar su Cruz, aferrarse a Él, dejarse salvar, porque quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza del vacío interior, del aislamiento […]» (CV, 119).

El Santo Padre nos recuerda que «Solo lo que se ama puede ser salvado» (CV, 120). Él quiere escribir una historia de amor contigo. Y es que Dios está deseando salvarte, quiere que seas libre, LIBRE. «¡Soy libre, soy libre! Enamórense de esta libertad, que es la que ofrece Jesús» (CV, 122). 

¿Vivimos realmente como salvados? Nietzsche decía que si los cristianos realmente creyéramos que estamos salvados, haríamos cara de salvados.

ÉL VIVE

“Pero hay una tercera verdad, que es inseparable de la anterior: ¡Él vive! Hay que volver a recordarlo con frecuencia, porque corremos el riesgo de tomar a Jesucristo sólo como buen ejemplo del pasado, como un recuerdo, como alguien que nos salvó hace dos mil años. […] El que nos llena con su gracia, el que nos libera el que nos transforma, el que nos sana y nos consuela es alguien que vive […] ( CV 124)”. Tu salvador vive. 

«Si entras en amistad con Él y empiezas a conversar con Cristo vivo sobre las cosas concretas de tu vida, esa será la gran experiencia, esa será la experiencia fundamental que sostendrá tu vida cristiana» (CV, 129).

Esta última parte del mensaje,  inseparable de las otras tres, necesita ser anunciado a todo el mundo. Y aquí viene lo más fuerte: somos nosotros quienes tenemos que anunciarlo. Os habéis parado a pensar alguna vez lo siguiente: ¡que podemos ayudar a Dios!

Sí, ese Dios que nos han hablado siempre, que todo lo puede y que todo lo sabe… Nos necesita. Si se piensa, “ racionalmente” es algo muy fuerte a la vez que extraño y bonito. Este Dios que nos ha creado y nos ha dado absolutamente todo, dependa de nosotros para que demos a conocer Su Nombre, Su mensaje y Su salvación.

Para hacer todo esto solos es imposible. Necesitamos del Espíritu Santo. La exhortación nos anima a “ Invocar al Espíritu Santo, para que renueve constantemente en ti la experiencia del gran anuncio […]» (CV, 131). Solo con esa fuerza que da el Espíritu Santo seremos capaces de dar a conocer a Jesús a los demás porque el Espíritu Santo es «el manantial de la mejor juventud» (CV, 133).

Pablo Navarro