Rocío Álvarez: «La familia es la aventura más grande y más bonita de la vida»

Continuamos con nuestro afán por aprender a amar. De la mano de Nuestra Madre, pedimos al Señor que nos enseñe, y buscamos los testigos de su presencia en medio del mundo. Nos paramos a charlar con aquellos «santos de al lado» (cf. Gaudete et exsultate) que viven junto a nosotros. En este caso, descubrimos también un testimonio muy especial.

  • Rocío Álvarez Alejandro es una joven madre de familia y periodista dedicada al servicio de la Iglesia.

  • A sus 34 años, dirige entre otros proyectos el programa online ‘El Patio’, en YouTube.

Rocío, ¿a qué dedicas tu vida en este momento, profesional y personalmente?

Yo estoy casada y tengo cuatro hijos: Miguel, Rafael, Nicolás y Alonso. Con 10, 8, 7 y 5 años. Trabajo como periodista para la delegación de Medios de Comunicación, haciendo diversas funciones: entrevistas, atención a los medios de comunicación, redes sociales… También locutamos en un programa en COPE, en otro para Radio María… y esto lo he dicho más veces: me gusta poner al servicio de la Iglesia toda mi capacidad y mis habilidades comunicativas. Entregarlas para un servicio tan bueno y tan gratificante como es transmitir el mensaje de Cristo e intentar hacerlo, además, en los formatos y soportes más actuales para que llegue a los demás.

Y, ¿cómo has llegado hasta aquí? ¿Qué pasos has ido siguiendo para acabar viviendo una vida entregada de esta forma?

En referencia a la familia, tanto mi marido como yo venimos de familias grandes. Nuestros padres son entregados, católicos, practicantes y comprometidos. Y el hecho de haberlo visto en casa, con tanta naturalidad desde siempre, también nos hizo enamorarnos de esa vida y querer replicarla en la medida de lo posible, teniendo en cuenta que es nuestra vida. Quisimos casarnos jóvenes, tener hijos y una familia. Así pues, de forma natural al cabo de siete años es cuando comencé a trabajar.

Profesionalmente, ¿cómo has acabado en este servicio tan concreto de los medios de comunicación social de tu diócesis?

Yo empecé de voluntaria en un programa de COPE y surgió una posibilidad: abrieron una candidatura para trabajar en la delegación de Medios. Se presentaros varios y al final me eligieron a mí.

¿Qué es lo mejor que te ha pasado en la vida? No es fácil, ¿eh?

Conocer a mi marido, por un lado; la fe de mis padres; haber nacido en una familia tan bonita como la mía… No sé, al final vas a lo vital y a lo fundamental de la vida. No es fácil elegir solo un momento.

Me gusta poner al servicio de la iglesia toda mi capacidad y todas mis habilidades.

¿Qué recuerdos tienes como manifestación de esa fe en casa de la que nos hablabas?

La piedad. En mi casa se ha respirado mucho amor a Dios y amor a la Iglesia, y de la forma más cotidiana, más normal, más familiar y más bella también. Por ejemplo, rezando el evangelio, unas peticiones y tres avemarías por la noche; la presencia de Dios, que siempre estaba ahí cuando se comentaban las cosas con mi padre, con mi madre. Ha sido muy fácil y muy natural cómo hemos vivido el amor a Dios a través de la piedad familiar y de las pequeñas costumbres de cada día, siempre.

Luego, mis padres estuvieron desde que se casaron participando activamente en el Movimiento Familiar Cristiano, llevando equipos de novios, de matrimonios… Sus hijos, nosotras sobre todo, estábamos muy metidas en el movi, en los campamentos, en los equipos de jóvenes… Esa etapa en la que estuvimos en el MFC con mis padres, nos hizo vivir -no sólo en la familia- de forma comunitaria la fe y el compromiso católico en la vida.

¡Qué alegría! Para terminar, Rocío, ¿cómo animaríamos a alguien que se siente llamado a entregarse de esta manera concreta en que lo haces tú?

Como me decía mi padre cuando me iba a casar, el matrimonio y la familia es la aventura más grande y más bonita de la vida («Espera, cariño, espera, que ahora voy», indica Rocío a su hijo en ese mismo momento). La familia es lo más grande: todo lo que te pueda pasar, todos los imprevistos… Es algo tan grande lo que estás haciendo y tan bonito, que es que todo merece la pena. Luego, además, me siento privilegiada de poder desarrollar mi empeño profesional en el entorno de la Iglesia, que también necesita grandes profesionales que estén dispuestos a dar lo mejor de sí mismos para sacar adelante todos los proyectos de la misma.

Es todo una suerte y un privilegio. Sacar adelante una familia -donde todos los esfuerzos se quedan en nada en comparación con lo grande que es-, formando a tus hijos, queriendo a tu marido… hacer juntos ese camino. Y poder contribuir así al plan de Dios y a la sociedad. Y, profesionalmente, dedicarte a la Iglesia es una suerte inmensa.