Ustedes son el ahora de Dios

El Papa dedica el tercer capítulo exclusivamente a preguntarse ¿Cómo son los jóvenes hoy? ¿Qué les pasa ahora? El Sínodo intenta dar cabida a todas las voces de los jóvenes tan heterogéneas, dar respuesta a sus inquietudes, ver los obstáculos a los que se enfrenta la juventud. En estas páginas nos damos cuenta de que le importamos al Papa, cuenta con nosotros, ¡nos quiere dar voz! ¿Qué hacemos al respecto? ¿Dejo oír mi voz entre los demás jóvenes, entre la sociedad?

El Papa quiere cuidarnos como nos cuida Dios Padre, confía en nosotros, nos conoce, espera de nosotros, quiere venir a rescatarnos.  Tenemos que valorarnos como nos mira Dios Padre, Él nos tiene en cuenta, a Él le importamos y está esperando que Le demos voz.

Los Padres Sinodales no tardaron en percibir que existe una pluralidad de mundos juveniles, muchas maneras de ser joven y pusieron nombre a todos aquellos obstáculos que dificultan a los jóvenes llegar a ser quiénes son.

La Iglesia se da cuenta de que estamos en un mundo en crisis y desea llorar por y con aquellos jóvenes que sufren heridas, están esclavizados por todo tipo de adicciones y de violencia. El Papa busca una Iglesia que sepa estar con y por los jóvenes, y nos pregunta ¿Aprendemos a llorar? ¿Somos ajenos al dolor del resto de jóvenes? ¿Qué hacemos al respecto? Los jóvenes gritan su dolor de formas diversas, desde la pornografía hasta la droga.  

El Santo Padre apunta que «La cultura actual presenta un modelo de persona muy asociado a la imagen de lo joven» (CV, 79) y esto dificulta vivir serenamente las relaciones afectivas. Los jóvenes damos una importancia capital a la sexualidad porque entendemos que ahí reconocemos nuestra propia identidad. Afecta especialmente a los jóvenes todas las corrientes actuales de la ideología de género, los avances tecnológicos desdibujan la propia naturaleza del hombre y su camino hacia la plenitud. Todos los inputs que recibimos desde el mundo tecnológico y científico impiden un desarrollo sereno y maduro.

Los jóvenes empiezan a ser seres heridos que ahora se reabren y buscan respuesta. «Jesús se hace presente en esas cruces de los jóvenes, para ofrecerles su amistad, su alivio, su compañía sanadora, y la Iglesia quiere ser su instrumento en este camino hacia la restauración interior y la paz del corazón» (CV, 83). 

Nosotros jóvenes, ¿qué hacemos por el resto? ¿Cómo saciamos su sed? ¿Cómo podemos ayudar a curar sus heridas? Sé concreto, piensa en tu entorno y deja que el Señor entre en medio de él a través de ti y cambie la situación de aquellos jóvenes heridos, perdidos. 

No olvidemos que nosotros somos el ahora de Dios.