Urbi er orbe

Era tal el frío que hacía en Roma el 11 de Febrero de 2013 que hasta los huesos se congelaban y te impedían dar un paso adelante. Rondaba el mediodía cuando aquella noticia se publicó. Sí, así es. El que fue nombrado Sumo Pontífice el 19 de Abril de 2005 y por tanto sucesor de San Pedro durante ocho años afirmaba llegar a la certeza de que, por edad avanzada, ya no tenía fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Debía poseer gran vigor tanto del cuerpo como del espíritu para gobernar la barca de San Pedro, vigor que, en los últimos meses había disminuido de tal forma que era incapaz de ejercer bien lo que le fue encomendado.

Las reacciones de los medios de comunicación han acogido firmas de articulistas y ensayistas clasificables. Una mayoría ha entendido e interpretado la renuncia papal como un servicio más de los tanto que Benedicto XVI ha dado a la Iglesia Católica y por tanto, han comentado que el agradecimiento es la mejor despedida que puede recibir un Papa que renuncia al cargo, algo tan legal como seguir ejerciendo el Pontificado hasta dar su vida como han hecho los antecesores.

Una minoría, de las firmas publicadas, se ha permitido sugerir que debería haber aguantado, a pesar de los achaques de salud, hasta el último suspiro dentro del apartamento papal ubicado en el interior del Vaticano.

Con esta decisión se entra en una nueva etapa histórica de la Iglesia, que es solamente conocida en los libros de historia cuando ocurrió hace varios siglos.

A partir de ese día, Benedicto XVI puso en circulación un nuevo concepto del Papado: la jubilación es algo muy natural en la vida actual. Los obispos y los curas se jubilan a los 75 años.

Deberíamos de hacernos unas cuantas preguntas:

¿ Por qué no puede un Papa dejar su ministerio y retirarse a vivir entre la oración y el estudio hasta que el Señor lo llame a la Casa del Padre?

¿Por qué el Papa no puede hacer lo que disfrutan todos los seres humanos: jubilarse y dejar paso a otro más joven que tome las riendas pastorales de la Iglesia?

Los sucesores de Benedicto XVI tienen la opción; imitar a los antecesores y morir con las botas puestas. O seguir el ejemplo de la renuncia. Tan dignas son ambas formas de llegar al final del servicio de la Iglesia Católica.

Por tanto, Benedicto XVI no ha traicionado ni la Tradición, ni nada esencial dentro de la Iglesia. Ha modernizado el Papado a nivel de cualquier ciudadano, quien, llegada la edad por enfermedad y falta de fuerzas puede jubilarse con todos los honores.

Benedicto XVI, un ejemplo más de los muchos que nos ha dado a lo largo de su pontificado; ejemplo de fe en el Señor; de despego del poder temporal para él y para los suyos; de humildad y abandono a la voluntad del Señor, que proveerá lo que sea mejor para la Iglesia en este momento, y un ejemplo claro de renuncia humilde y confiada en el Señor para todos los clérigos, recordando aquello de Santa Teresa de “solo Dios basta”, y que a los demás nos cumple un servicio sin cálculo ni afán, para llevar a cabo el oficio de pastores que el Señor les confió, y a los demás ayudar a conocer y amar el Evangelio, ayudando a los sacerdotes en esa labor.

Quizás sería necesario leer la historia de los Papas en los siglos pasados. Muchas personas lo suelen denominar Antiguo Régimen, yo lo llamo época de valores, verdadera fe, protección del hálito divino a nuestra Patria y creación de un glorioso Imperio.