Jesucristo ama a la Iglesia como un esposo ama a su esposa. Se vincula para siempre a ella y entrega su vida por ella. 
Quien ha estado enamorado una vez, intuye lo que es el amor. Jesús lo sabe y se denomina a sí mismo esposo, que corteja a su esposa con amor ardiente y que desea celebrar la fiesta del amor con ella. Su esposa somos nosotros, la Iglesia. Ya en el  ANTIGUO TESTAMENTO se compara el amor de Dios por su pueblo con el amor entre esposo y esposa. Cuando Jesús nos corteja a cada uno de nosotros, ¡cuántas veces es un amante desgraciado, por así decir, enamorado de aquellos que no  quieren saber nada de su amor y no le corresponden!

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