La envidia es disgusto y enfado ante el bienestar de otros y el deseo de apropiarse indebidamente de lo que otros tienen. Quien desea el mal de otro, peca gravemente.

La envidia decrece cuando uno se esfuerza por alegrarse cada vez más de los éxitos y los dondes de otros, cuando se cree en la providencia amorosa de Dios también para uno mismo y cuando se orienta el corazón hacia la verdadera riqueza. Esta consite en que por medio del Espírito Santo tenemos ya parte en Dios

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