Diez razones para hacer voluntariado

¿Hacer voluntariado? ¿Dedicar tiempo gratuitamente a los demás, a gente que no conozco, y además sin retribución económica? Parece que en la sociedad en la que vivimos, del individualismo y la productividad, la idea de hacer voluntariado suena extraña. ¿Existen buenas razones para complicarse la vida de esta forma?

Por supuesto. Aquí pretendemos darte diez. Unas absolutamente laicas, otras con un trasfondo religioso. Esto es porque no es necesario ser cristiano para darse a los demás, pero un católico tiene aún más motivos para hacerlo.

1.     Porque, como decía Tolstoi, “todos quieren cambiar el mundo, pero nadie quiere cambiarse a sí mismo”. La transformación general nace solo del cambio individual. ¿Crees que este mundo podría ser un lugar mejor? Bien. Pues quizá haya llegado la hora de poner tu granito de arena.

2.     Porque son las personas las que hacen que esta vida valga la pena. Querer y ser querido. Tratarlas, conocerlas. Y el voluntariado te da la oportunidad de crear lazos afectivos con personas que necesitan de cariño, y que por la misma regla de tres, se te darán sin reservas.

3.     Porque el cristianismo es la religión del amor, y amar es el acto por excelencia del cristiano. Huyamos de esa visión deformada en la que el templo es el lugar por antonomasia de la vida cristiana. Un orfanato o un comedor social es el lugar perfecto para crecer como discípulo de Cristo. No olvides que Dios es amor. Y amar a otros es la mejor forma de acercarnos a Él.

4.     Porque, aunque parezca obvio, practicar la generosidad te hace generoso. Se suele decir que el principal beneficiado de hacer voluntariado es el propio voluntario. Y es así. Darte a los demás te hará una persona más sensible, generosa, y dispuesta a dar. Hacer voluntariado y crecer humanamente son sinónimos.

5.     Porque conocerás gente fascinante. Además de a los que ayudes, entrarás en contacto con otros voluntarios, que por definición son tipos generosos y desinteresados. Una discoteca puede ser un buen sitio para hacer amigos, pero una actividad de voluntariado te permitirá conocer gente íntegra, excepcional. Y si te embarcas en una iniciativa de este tipo con un amigo da por hecho que estarás consolidando una amistad.

6.     Porque dar de manera gratuita nos crea un tesoro en el cielo. Y es lo que Jesús quiere. Por eso en el evangelio de San Lucas le propone al fariseo: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque puede ser que ellos te inviten a su vez, y con eso quedarías recompensado. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos; y así serás dichoso, porque ellos no tienen con qué pagarte; pero ya se te pagará, cuando resuciten los justos.”

7.     Porque el Papa quiere una Iglesia pobre y para los pobres. No tienes más que echar un vistazo a su twitter para darte cuenta de que está continuamente hablando de este tema. De dar a los que no tienen. Al necesitado, al miserable, al olvidado. La Iglesia –esto es; los que la formamos- tenemos que estar a la vanguardia de esto.

8.     Porque, como dijo Salvador Allende, “ser joven y no ser revolucionario es una contradicción”. Puede que no simpatices mucho con el marxista chileno –o sí- pero al margen que los errores que pudo cometer, en esto razón tiene. Si no somos los jóvenes los que cambiamos el mundo… ¿quién lo va a hacer? Seamos auténticos revolucionarios. Atrevámonos a soñar con un mañana mejor. Y pongámonos a trabajar en ello. Quizá, en un residencia de ancianos.

9.     Porque Teresa de Calcuta consagró su vida a los pobres más pobres de la tierra. San Francisco Javier llegó hasta Japón para ayudar a los demás y llevarles la buena noticia. Santa Ángela de la Cruz fundó una congregación dedicada a los enfermos aunque ella misma venía de una familia paupérrima. Por fortuna, la historia de la Iglesia está repleta de ejemplos de vidas regaladas a los demás. Sólo falta la tuya. ¿A qué esperas?

10.  Porque ser cristiano no significa otra cosa que seguir a Cristo. Aquel que nos contó la parábola del buen samaritano. Aquel que nos interpeló diciendo “si sólo amáis a los que os aman, ¿qué merito tenéis?” Aquel que curó a enfermos y lisiados, y multiplicó panes y peces para las multitudes que pasaban hambre. No lo dudes. Jesús hoy se haría voluntario contigo. De hecho, puede que encuentres su mirada en los ojos de esa niña inmigrante con la que saltas a la comba.