Dios es amor. Él desea también nuestro amor. Una forma de entrega amorosa a Dios es vivir como Jesús, pobre, casto y obediente. Quien vive así tiene la cabeza, el corazón y las manos libres para Dios y para los hombres. [914-933, 944-945]

No faltan nunca personas que se dejan conquistar totalmente por Jesús, de modo que, «por el reino de los cielos» (Mt 19,12), lo dejan todo por Dios, incluso dones tan hermosos como la propiedad privada, la autodeterminación y el amor conyugal. Esta vida según los CONSEJOS EVANGÉLICOS en pobreza, castidad y obediencia muestra a todos los cristianos que el mundo no lo es todo.  Sólo el encuentro «cara a cara»con el Esposo divino hará feliz al hombre de modo definitivo.

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