Vigilia de oración del Papa en San Pedro

Ante los fieles congregados en la Plaza de San Pedro esta tarde, con motivo de la jornada de Ayuno y Oración por la Paz en Siria, Medio Oriente y el mundo, el Papa Francisco pidió “¡que se acabe el sonido de las armas!”, pues “la guerra significa siempre el fracaso de la paz, es siempre una derrota para la humanidad”.

El Santo Padre señaló que, tal como se expresa en el libro del Génesis, “toda la creación forma un conjunto armonioso, bueno, pero sobre todo los seres humanos, hechos a imagen y semejanza de Dios, forman una sola familia, en la que las relaciones están marcadas por una fraternidad real y no sólo de palabra: el otro y la otra son el hermano y la hermana que hemos de amar, y la relación con Dios, que es amor, fidelidad, bondad, se refleja en todas las relaciones humanas y confiere armonía a toda la creación”.

“El mundo de Dios es un mundo en el que todos se sienten responsables de todos, del bien de todos. Esta noche, en la reflexión, con el ayuno, en la oración, cada uno de nosotros, todos, pensemos en lo más profundo de nosotros mismos. ¿No es ése el mundo que yo deseo? ¿No es ése el mundo que todos llevamos dentro del corazón?”, cuestionó.

El mundo que todos queremos, preguntó el Papa, “¿no es un mundo de armonía y de paz, dentro de nosotros mismos, en la relación con los demás, en las familias, en las ciudades, en y entre las naciones? Y la verdadera libertad para elegir el camino a seguir en este mundo, ¿no es precisamente aquella que está orientada al bien de todos y guiada por el amor?”.

“Preguntémonos ahora: ¿Es ése el mundo en el que vivimos? La creación conserva su belleza que nos llena de estupor, sigue siendo una obra buena. Pero también hay violencia, división, rivalidad, guerra. Esto se produce cuando el hombre, vértice de la creación, pierde de vista el horizonte de belleza y de bondad, y se cierra en su propio egoísmo”.

“Cuando el hombre piensa sólo en sí mismo –advirtió el Papa–, en sus propios intereses y se pone en el centro, cuando se deja fascinar por los ídolos del dominio y del poder, cuando se pone en el lugar de Dios, entonces altera todas las relaciones, arruina todo; y abre la puerta a la violencia, a la indiferencia, al enfrentamiento”.

Francisco señaló que “eso es exactamente lo que quiere hacernos comprender el pasaje del Génesis en el que se narra el pecado del ser humano: El hombre entra en conflicto consigo mismo, se da cuenta de que está desnudo y se esconde porque tiene miedo, tiene miedo de la mirada de Dios. Acusa a la mujer, que es carne de su carne, rompe la armonía con la creación. Llega incluso a levantar la mano contra el hermano para matarlo”.

“¿Podemos decir que de la ‘armonía’ se pasa a la ‘desarmonía’? No, no existe la ‘desarmonía’: o hay armonía o se cae en el caos, donde hay violencia, rivalidad, enfrentamiento, miedo”.

En medio de este caos, señaló el Papa, “Dios pregunta a la conciencia del hombre: ‘¿Dónde está Abel, tu hermano?’. Y Caín responde: ‘No sé, ¿soy yo el guardián de mi hermano?’”.

“Esta pregunta se dirige también a nosotros, y también a nosotros nos hará bien preguntarnos: ¿Soy yo el guardián de mi hermano? Sí, tú eres el guardián de tu hermano. Ser persona humana significa ser guardianes los unos de los otros”.

Sin embargo, lamentó, “cuando se pierde la armonía, se produce una metamorfosis: el hermano que deberíamos proteger y amar se convierte en el adversario a combatir, suprimir”.

“En cada agresión y en cada guerra hacemos renacer a Caín. ¡Todos nosotros! Y también hoy prolongamos esta historia de enfrentamiento entre hermanos, también hoy levantamos la mano contra quien es nuestro hermano”.

Francisco recordó las palabras de su predecesor Pablo VI ante las Naciones Unidas, en octubre de 1965: “Nunca más los unos contra los otros; jamás, nunca más… ¡Nunca más la guerra! ¡Nunca más la guerra!”.

Las palabras de la paz, señaló Francisco, son “perdón, diálogo, reconciliación”, tanto “en la amada nación siria, en Oriente Medio, en todo el mundo”.

“Recemos esta tarde por la reconciliación y por la paz, contribuyamos a la reconciliación y a la paz, y convirtámonos todos, en cualquier lugar donde nos encontremos, en hombres y mujeres de reconciliación y de paz. Amén”, concluyó.