El quinto mandamiento prohíbe también el uso de la violencia contra el propio cuerpo. Jesús nos exige expresamente que nos aceptemos y amemos a nosotros mismos: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mt 22,39).
Acciones autodestructivas contra el propio cuerpo(«incisiones», etc.) son en la mayoría de los casos reacciones psíquicas ante experiencias de abandono y de falta de amor; por eso, en primer lugar, reclaman todo nuestro amor a estas personas. No obstante,  en este marco de cariño debe quedar claro que no existe un derecho humano a destruir el propio cuerpo recibido de Dios.
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