Jesús prometió a sus discípulos, y con ello también a nosotros, que nos sentaríamos un día a la mesa con Él. Por eso cada Santa Misa es «memorial de la pasión, plenitud de la gracia, prenda de la gloria futura» (oración «O sacrum convivium» recogida en la antífona del Magníficat en las II Vísperas de la fiesta de Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo). [1402-1405]

227 I(1-165), II(166-278), III(279-468), IV(469-527)

 
Artículo anteriorUn seminarista chino relata sus duras y peligrosas peripecias para vivir su fe y ser fiel al Papa
Artículo siguienteMiguel Aranguren: «Sin encuentro con Jesús en la oración y los sacramentos, es imposible llegar a la plenitud y la alegría que proporciona la Redención”