Cristo está misteriosa pero realmente presente en el SACRAMENTO de la EUCARISTÍA.

Cada vez que la Iglesia realiza el mandato de Jesús «Haced esto en memoria mía» (1 Cor11,25), parte el pan y ofrece el cáliz, sucede hoy lo mismo que sucedió entonces: Cristo se entrega verdaderamente por nosotros y nosotros tomamos realmente parte en él. El sacrificio único e irrepetible de Cristo en la cruz se hace presente sobre el altar; se realiza la obra de nuestra redención. [1362-1367]

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