El valor de la Amistad

Somos jóvenes del siglo XXI, jóvenes de un mundo en el que todo se transforma a gran velocidad. Vivimos en la era de los grandes medios de comunicación, recibimos gran cantidad de información y las principales marcas mundiales nos estimulan para dar rienda suelta al consumismo. Somos la generación que ha comenzado a usar las redes sociales y las ha adaptado para que desempeñen un rol cotidiano en nuestras vidas. En definitiva, somos jóvenes católicos a los que nos ha tocado vivir en una sociedad que corre el peligro de caer en el individualismo y perder de vista las cosas maravillosas que nos brinda la vida y que tenemos al alcance de la mano.

Generosidad, entrega, sacrificio, lealtad, fidelidad, honradez, sinceridad. Son muchos los términos que pueden encajar con la definición de la amistad. Pero en la práctica, no hay mejor ejemplo de una verdadera amistad que la que simbolice todo lo contrario al egoísmo.
La amistad no es una relación contractual basada en lo que yo puedo sacar del prójimo. Debemos rechazar esa actitud utilitarista y ser verdaderos amigos, brindar una amistad cultivada en la sinceridad y en la autenticidad, que pueda sobrevivir a los contratiempos  y a las discrepancias.

Si, en nuestros días, la familia sufre ataques de diversos sectores que la intentan desestructurar, no debemos sorprendernos de que se intente convertir la amistad en un simple mercadeo de intereses. Precisamente nosotros, como jóvenes a contracorriente, debemos apostar por una amistad sólida, desinteresada y rica en virtudes, que seaejemplo vivo para los que nos rodean.

La amistad tiene ese aura especial que sólo desprenden las cosas puras y magníficas que nos ofrece la vida, ese sabor añejo a tesoro que se ha perpetuado de generación en generación. Una conversación con una buena caña, un paseo por la orilla del mar para desahogarnos con un amigo que nos escucha, una barbacoa en la que nos contamos anécdotas alrededor de una hoguera, donde las notas musicales que salen de una guitarra suben al cielo entremezcladas con las risas, que son el eco de una amistad que resiste tempestades.

Seamos amigos caritativos, amigos que cuidan los detalles y no desprecian las cosas pequeñas, base para construir una amistad sólida. Seamos generosos, entregados,humildes, y procuremos arrancar las malas hierbas de la crítica cizañera para que no estropeen el camino de la amistad. Esforcémonos por respetar cordialmente las convicciones de nuestros amigos, aunque no las compartamos.  Todas estas cosas son importantes para poder ofrecer una amistad que trascienda los convencionalismos. Dejémonos sorprender y maravillar por ese precioso espíritu de hermandad y compañerismo.

Y es que, como dijo Cicerón, “La amistad es un acuerdo perfecto de los sentimientos de cosas humanas y divinas, unidas a la bondad y a una mutua ternura”.