A mi también me bautizaron. ¿Por qué?

En la vida de todo católico cada uno de los Sacramentos tiene una función significativa
pero, es muy llamativo tratarlos todos uno a uno para entender exactamente el por
qué de su importancia. En este caso, cabría hablar del Bautismo, es el primero de
ellos y, además, también uno de los que más controversia y dudas puede crear en
nosotros. Son comunes, entre los grupos de jóvenes, las siguientes cuestiones: ¿En
qué consiste el Bautismo? ¿Por qué se derrama agua por la cabeza del recién nacido?
¿Qué necesidad tiene una persona de ser bautizada?

Para encontrar explicación a tantos interrogantes, ofrecemos aquí unas
enriquecedoras líneas con un doble fin: por un lado hacer llegar a nuestros lectores la
significación que ha de tener para ellos el hecho de estar bautizados y; por otro lado,
hacerles captar el carácter preponderante del Sacramento del Bautismo de cara a sus
futuros hijos.

Principalmente, cabe buscar una definición cercana y concisa de Bautismo. Asimismo,
podemos describirlo como el fundamento de toda la vida cristiana y la puerta que abre
el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y
regenerados como hijos de Dios. “El Bautismo es el sacramento del nuevo nacimiento
por el agua y la palabra”: Catecismo Romano 2, 2, 5.

En cuanto al rito del Bautismo hay que destacar la Materia y la Forma. La materia del
Bautismo es el agua natural, porque así lo dispuso Cristo y así lo hacían los apóstoles,
además, existen ciertos argumentos que nos demuestran su conveniencia, ya que el
agua lava el cuerpo y, por consiguiente, los pecados. Por otro lado, la forma son las
palabras pronunciadas por el ministro: “Yo te bautizo en el nombre del Padre y del
hijo y del Espíritu Santo”. El rito del Bautismo puede llevarse a cabo mediante una
inmersión total del cuerpo o derramando tres veces agua sobre la cabeza. Por último,
el cirio que se enciende es conocido como “el cirio pascual” y significa que Cristo ha
iluminado al neófito.

Además, podemos observar que en esta celebración se utilizan determinados signos:
la señal de la cruz, que indicia la marca de Cristo sobre el que va a pertenecer y
significa la gracia adquirida por la Cruz de Cristo; las lecturas, que dan luces sobre la
verdad revelada a los “candidatos” ya a la asamblea; el agua bautismal, con ella se
pide que el poder del Espíritu Santo descienda sobre esta agua.

Alguna vez que otra, todos nos hemos preguntado qué llevó a nuestros padres a
bautizarnos, ¿es un mero proceso más en el nacimiento de una nueva persona?
No, aunque muchas familias desconozcan el verdadero significado del bautismo y lo
lleven a cabo como un trámite, el Bautismo es un compromiso, es el inicio de una vida
cristiana, el deber de promulgar el amor como prioridad; en síntesis, seguir y difundir la
palabra de Dios. Por tanto, desde el momento de nuestro bautizo nos convertimos en
hijos adoptivos de Dios y, a su vez, en hermanos de todos los cristianos.

Para los jóvenes, que somos actualmente Iglesia, es de gran envergadura profundizar
en lo que este sacramento significa, porque los futuros cristianos vendrán de la
mano de los jóvenes actuales, de ahí la importancia de que conozcamos este primer
sacramento y de que lo inculquemos a nuestros hijos.

Por tanto, sabemos que este sacramento hace de nosotros mejores personas y nos
acerca a Jesús, nos llena de amor nada más nacer y nos introduce en la Iglesia,
haciéndonos partícipes de su labor día a día. Si nuestros padres, tras llevar a cabo
del Sacramento del Matrimonio y cumplir con su finalidad, nos bautizaron e hicieron
de nosotros personas llenas de amor y felicidad, ¿cómo no hacer nosotros eso con
nuestros hijos? Si el fin de los bautizados es la luz del mundo para ellos, ¿cómo no
iluminar al futuro de la Iglesia?

Una vez más, nuestro Padre, como muestra de amor, nos deja el futuro de su reino en
nuestras manos. Seamos buenos cristianos, ¡amemos a Dios!