MULTITUD DE PEREGRINOS ACUDEN A LA JMJ: ¿QUÉ ES REALMENTE SER PEREGRINO?

 

Nada más llegar a Río, en su discurso de bienvenida, el Papa Francisco nos impresionó con su frase: “No tengo oro ni plata, pero traigo conmigo lo más valioso que se me ha dado: Jesucristo”. Encierra en muy  pocas palabras un fructuoso significado y nos deja entrever que viene, en nombre de Dios, presto a alimentar la llama del amor en todos y cada uno de los peregrinos.

Reniega de cualquier tipo de virtud material; en cambio, él mismo nos confirma que viene cargado de riqueza. Trae amor y paz y, por consiguiente, trae a Jesucristo, ¿qué más le podemos pedir? El Papa Francisco, sin ningún tipo de tesoro material, nos ofrece, como él mismo dice, lo más valioso que posee; ahora, ¿qué le ofrecemos nosotros a él?

Muchos pensarán que la misión de los peregrinos no es más que viajar para conocer al Papa, otros nos verán como una masa movida por la fe ciega, otros observarán a los peregrinos con alegría, otros con asombro, otros con entusiasmo; para algunos seremos unos locos, para otros unos valientes… multitud de opiniones; pero ¿qué somos para el Papa? ¿Qué espera Francisco, y con ello, Jesucristo, de sus peregrinos?

Si se preguntara, de manera general, qué es aquello imprescindible para llevar a la JMJ, las respuestas podrían ser variadas: vestiduras y zapatos cómodos, buen material para el descanso, protección para el sol durante el día y abrigos para la noche, etc.  Son componentes principales del viaje, en su mayoría necesarios, pero no imprescindibles.

Existe un sujeto común que hace reunir a todas y cada una de las personas que discurren en estos días por Río, no sólo en cuerpo, sino en corazón.  Y ese sentimiento que une a todos los peregrinos es el AMOR. No hay más. El Papa nos trae con él a Jesucristo y nosotros vamos a recibirlo con amor, con felicidad, con entusiasmo, con ansias de difusión; tal y como se recibe a un amigo.

Soy joven, soy católico y soy peregrino, sé que debo ir ante nuestro Pontífice repleto de amor; pero, ¿cómo he de volver?, ¿cuál es la verdadera misión de un peregrino?

Si realmente vamos con un corazón cargado de amor, vamos a volver con un corazón completamente rico. Si el ser peregrino significa amar y su principal cometido es difundir este amor para enriquecer cada día más corazones; ¿quién no quiere ser peregrino? Deberíamos sentarnos y pensar, hay miles de peregrinos en Río; pero, ¿no puedo yo ser un peregrino de corazón desde donde me encuentre?

“Id y haced discípulos de todas las naciones” (MT28: 19). Si este es el lema de la Jornada Mundial de Juventud, es contundente la misión de todos y cada uno de sus peregrinos. No hace falta más que amor; si das amor, recibirás amor. Ten un corazón rico y enriquece el corazón de los demás.

En conclusión, una peregrinación colmada de amor será una peregrinación enriquecedora y llevando el amor a los demás estaremos cumpliendo la misión principal de un peregrino, no de un peregrino en cuerpo, sino de un peregrino en corazón. Así y solo así, existe un sentimiento triple de satisfacción que implica a Jesús, a su Pastor y al propio peregrino.

Definitivamente, si eres joven y católico harás todas las cosas con amor y, por consiguiente, serás amado por todas las cosas que hagas. ¡Dios es amor!

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