Taizé un lugar para encontrar a Dios.

    El pasado 21 de julio un grupo de treinta y nueve jóvenes y adultos de Jaén, Madrid y Barcelona emprendíamos un viaje hasta Taizé (Francia).

    Para la mayoría era algo nuevo y hasta un poco misterioso…por ello, emocionados y nerviosos escuchábamos atentos en el autobús todo lo que los ya veteranos compartían entusiasmados con nosotros.

    Allí me embarqué, con la necesidad de vivir de una forma distinta un nuevo encuentro de jóvenes, pues iba con el corazón repleto de nuevas inquietudes, miedos,  preocupaciones… pero también con ilusionantes proyectos en mente.

    Y… ¿qué es Taizé?

    Taizé te inunda de Dios a través de la oración, la reflexión bíblica y el servicio, pues…

    Taizé es la sencillez que te sacude y te despoja de lo innecesario y lo superficial para abrirte el corazón a lo inesperado, a lo que Dios te tiene preparado.

    Taizé es volver a lo esencial y salir de la zona de confort, abriendo la mente y el corazón a un montón de nuevas realidades.

    Taizé es cálida acogida de todos los que participan en esa semana del encuentro, de los cientos de voluntarios que con alegría regalan su tiempo y esfuerzo en el servicio a otros, y de los hermanos de la comunidad de Taizé.

    Taizé es sentirse en “casa”, en la casa de todos los cristianos, de todos los Hijos de Dios. Y es que Taizé te envuelve, cuida y arropa.

    Taizé desborda generosidad, pues es muy frecuente escuchar a alguien decir sonriente “Can I help you?”.

    Taizé es un compartir, con gratuidad; es tender la mano siempre con una sonrisa en el rostro. Compartir la propia fe con otros la multiplica, aviva y fortalece.

    Taizé es un oasis de esperanza, sin muros, donde se derrama la misericordia de Dios; es un alto en el camino, un respirar, llenarse del Espíritu y coger impulso.

    Taizé es sosiego, es amor liberador de Dios a través del sacramento del perdón.

    Taizé es alabanza, una llamada a la humanidad, a la paz, a la unidad y a la reconciliación.

    Taizé es recobrar la ilusión y la confianza de que el mundo puede ser distinto.

    Taizé es el anhelo de una sociedad más justa y fraterna.

    Taizé es oración común, 3 veces al día, donde Cristo nos acoge y transforma.

    Taizé es un canto que convierte el palpitar de muchos en el latir de un solo corazón que conecta con Dios y afianza la comunión con todos los allí reunidos.

    Canto que te mece y llega a lo más profundo del alma en tan solo un idioma, el del “Amor”.

    Taizé es la alegría del encuentro con el Señor, con el Amigo que nunca falla, en el silencio, el canto, la naturaleza, el niño, el adolescente el joven y el mayor.

    Taizé es emoción. Especialmente ante el encuentro con los cristianos de Asia y Medio Oriente, ante la realidad y el recuerdo de los más necesitados.

    Taizé es una experiencia de fe de la que uno sale renovado y fortalecido para volver al lugar de origen con mayor responsabilidad y compromiso con los demás.

    Son innumerables los momentos que se han quedado para siempre grabados en mi memoria y en mi corazón, pero destaco el recuerdo de la cara de emoción y felicidad de una madre jordana al ver a su pequeño cada día rezando de la mano del Hermano Alois; la bendición del Hermano Alois que me hizo sentir parte viva y activa de una comunidad realmente católica y el abrazo reconfortante y sincero de paz en cada matutina Eucaristía de un desconocido al que sentía hermano.

    Taizé es un lugar donde uno sueña, desea, volver de joven, adulto y mayor. Con amigos, en familia, con hijos… ¿y por qué no? ¡También volver junto a los nietos!

    Cuando uno se encuentra con Dios siempre tiene el deseo de recuperar el tiempo perdido y compartir el tesoro encontrado con los demás.

    Así que, si tienes oportunidad, ¡no lo pienses! ¡Ve a Taizé!