Con los jóvenes hay que escuchar mucho y hablar poco. Fernando Bogónez

    Hoy hablamos con D. Fernando Bogónez nuevo rector del Seminario de Valladolid. En primer lugar Fernando muchísimas gracias por atender a Jóvenes Católicos.

    Antes de entrar a algunas cuestiones del Sínodo de los Jóvenes, Fernando, antes de ser Rector del Seminario han sido párroco de Santa Clara, entre otros sitios ¿Qué aporta la experiencia de ser titular de una parroquia a discernir sobre la vocación sacerdotal?

    En primer lugar muchas gracias por la oportunidad de poder dialogar con vosotros y la oportunidad que ofrecéis de poder acercar el Seminario, y concretamente el seminario de Valladolid, a todos vuestros lectores y seguidores.

    En cuanto a la pregunta que me hacéis tengo que decir que la parroquia enseña lo que es la Iglesia. Es una concreción de lo que es la Iglesia diocesana y sitúa al sacerdote ante un grupo de personas a los que hay que servir de modo especial ofreciendo la eucaristía y el perdón de Dios. Se alimenta así la vida de fe para que en el día a día se pueda ser testigo de Cristo y se curen las heridas que se van haciendo en el camino. Una parroquia con sus tres patas – la formación en la fe y la catequesis; la actividad sociocaritativa; y la celebración de la fe – es la Iglesia que hace Iglesia en medio del mundo. Por otro lado cada una de esas tres patas de la parroquia son esenciales y no se puede atender a una y dejar de lado otra. También se experimenta que el cura esta para servir y que sólo no puede nada. Necesita del señor y de los laicos. Sin ellos no es nada. Hay que trabajar junto y con otros para responder al deseo que  tiene el papa francisco de que los pastores olamos a oveja. Esto lo he ido aprendiendo a lo largo de los años y es lo que pienso ofrecer a los futuros sacerdotes.

    Uno de los grandes retos de la Iglesia y especialmente en España es volver a conectar con los jóvenes. Muchos de ellos dicen que la Iglesia nos les escucha. En su opinión, ¿Por qué? Y ¿cómo puede la Iglesia escuchar hoy a los jóvenes? ¿Qué ocurre en muchas parroquias que están vacías de gente joven?

    Los jóvenes son el presente y el futuro de la Iglesia y está claro que nos cuesta por ambas partes llegar ámbitos en los que podamos encontrarnos y dialogar. Mi experiencia me dice que hay que estar cercano, escuchar mucho y hablar poco. Sólo así es posible que un momento dado pueda surgir un diálogo de corazón a corazón y la posibilidad de generar procesos de acompañamiento.

    ¿Piensa que este Sínodo es una oportunidad para volver acercar la Iglesia a los jóvenes?

    Si las conclusiones no acaban siendo ese libro que se pone en la estantería junto a otros muchos y se empieza a experimentar con las claves que se nos ofrezcan el Sínodo podrá ayudar a esta evangelización de los jóvenes. Pero es necesario experimentar sin miedo y no dejarse llevar por lo que se ha hecho siempre. El riesgo al fracaso o al que dirán no  valen. No podemos estar esclerotizados y detener procesos aunque no se vean factibles. Es necesario hoy más que nunca la valentía y el fiarse de los jóvenes.

     

    En el Instrumentum Laboris del Sínodo los jóvenes se quejan de que por la precariedad de la situación laboral han dejado de soñar, ¿Piensa que los jóvenes han dejado de Soñar con Jesús y con los retos de la Iglesia?

    Creo que la precariedad laboral debería ser un incentivo para movilizase y generar nuevas formas de organizar las relaciones económicas tal y como aparece en la Doctrina Social de la Iglesia. Los jóvenes de hoy en día tienen una extraordinaria formación, capacidad de inventiva y sobre todo un futuro por construir. La comunión, la asociación, la lucha por la justicia y la dignidad de todas las personas son valores cristianos que en sí mismos nos acercan a Cristo y responden al ejercicio de la caridad política.

    La experiencia que tenemos en Jóvenes Católicos es que cuando los jóvenes adquieren protagonismos y participación en la vida de la Iglesia se integran y tienen un fuerte dinamismo apostólico ¿Cómo pueden participar y ser más protagonistas?

    El encuentro con Cristo transforma a la persona y la integra en la Iglesia con una vocación específica. Los jóvenes que conozco cuando se han encontrado con el Señor se han sentido Iglesia y han sentido a la Iglesia como madre. De este modo más que de participación podríamos hablar de corresponsabilidad. Es decir asumir el compartir la responsabilidad del dinamismo misionero de la Iglesia. Para ello los adultos debemos acompañar procesos, no desde la distancia o el reproche, sino desde la cercanía y el aliento. Cada día veo más claro que a los jóvenes hay que dejarles hacer. Eso nos puede dar miedo, y a veces puede que lo de, pero no por ello hay que constreñir las iniciativas.

    Otro de los otros grandes desafíos de este Sínodo es ayudar al discernimiento vocacional, ¿Podría narrarnos, en primer lugar, su vocación?

    No me caí del caballo como San Pablo. El relato de la llamada es una conjunción de factores que a  lo largo del día a día contribuyeron a que con temor y temblor dijera sí al señor. Un sí para servir en la Iglesia como presbítero. Un sí para ponerme el último y ofrecer el pan de la eucaristía y el perdón de la reconciliación. No es una gran historia sino el recorrido de una vida en la que personas, prestando su voz o manos a Dios, fueron ayudándome a un discernimiento vocacional. La familia, algunos curas, matrimonios amigos y muchas otras personas que fueron generando la pregunta en mi corazón. ¿Por qué no ser cura? La respuesta tardó en llegar, hubo reticencias, dudas y mirar hacia atrás pero por fin un sí a lo que se percibía que era llamado. Desde mi ordenación doy gracias a Dios todos los días por haber encauzado mi vida en el servicio a los demás y especialmente a los más pobres. El cura es un hombre para los demás.

    Fernando, ¿Cómo se puede ayudar a los jóvenes a que descubran su vocación y sean valientes para dar el paso?

    Como se puede comprender no tengo una receta. Cada persona es diferente y único y debe ser querida tal y como es. Hay que respetar los procesos y ofrecer ámbitos de encuentro con el Señor y los demás. Encuentro con el Señor para poder decirle aquí estoy, haz de mi lo que quieras. Encuentro con los demás para poder contrastarse. Lo primero en este camino es ser consciente de que tenemos la vocación de seguir a Cristo y de asemejarnos a Él. En un segundo momento hay que discernir si uno está llamado a la vida laical, a la vida consagrada o a ser presbítero. Querría acabar con unas palabras de Juan Pablo II. “No tengáis miedo”. Muchas gracias por vuestra inquietud.

    Fernando, muchísimas gracias por su tiempo y desde Jóvenes Católicos rezamos por los frutos del Sínodo y por la gran importancia tiene hoy el seminario en la vida de las diócesis.