No seré cura (sólo) porque me gusta

Al empezar este camino de formación hacia el sacerdocio, tuve una gran alegría en encontrar el apoyo de la mayoría de personas que me rodeaban, me encontré con reacciones tan diferentes, algunas más alegres que otras. Hoy te quiero contar una de ellas que marcó mi inicio en este caminar:

Estudié mi carrera de música en la Universidad, ya te imaginarás el buen ambiente que había. Dios me dio el gran regalo de tener unos magníficos amigos, y aunque no creyentes, personas fantásticas.

Teníamos la costumbre de reunimos, desde que entramos a la Uni, una vez al mes para tomarnos algo y jugar póker, así teníamos un buen plan y nos poníamos al día en lo que hubiera pasado en nuestras vidas. Siempre había mucho que contar, mucho más después de haber terminado la carrera.

Esa noche estaba algo nervioso, pues les quería contar sobre mi decisión de irme al seminario. Después de un par de cervezas y de avanzada la noche, tomé un gran impulso y empecé a explicarles mi decisión. La cara de los tres fue de infarto, no lo podían creer. Luego de unos pocos segundos de silencio absoluto, empezaron, uno por uno, a hablar sobre lo absurdo que era, y durante los siguientes 45 minutos trataron de convencerme de mi locura. Recuerdo que me decían: “¿Qué es lo que no puedes hacer ahora como alguien “normal”? ¿Qué es aquello que sólo lo puedes hacer de cura?” Yo trataba de ir respondiendo en los pocos espacios que dejaban: “quiero ser feliz…” “es que todos tenemos una vocación…” “pero si el cura también es alguien normal…” Bueno, en definitiva, la verdadera amistad lo puede todo, y después de varias arremetidas logré conseguir su apoyo, me dijeron “que si así iba a ser feliz…” como quien no quiere la cosa.

Esta experiencia me dejó una gran reflexión: Qué cantidad de veces que en la vida nos planteamos alguna meta solo por satisfacción o por un bien material.

Esto nos pasa tan a menudo que nos parece normal, pues la mayoría de nuestros sueños están enfocados a una felicidad aparente en el dinero y en las cosas. Sin embargo, cuando tomamos decisiones que realmente afectan nuestras vidas de forma trascendente, nos vemos enfrentados a escoger no solamente por gusto o sentimiento sino por un bien mayor. ¿Te ha pasado? Tiene sentido, pues las decisiones importantes de la vida no son cosa baladí, requiere pensar, discernir y finalmente comprometerse en ese camino de amor, que, aunque no siempre sea fácil ni gozoso, nos llevará al bien que realmente deseamos. Porque así es el camino del amor, ¡el camino que nos hace realmente felices! Cuando dejamos la piel, cuando nos entregamos completamente y somos capaces de compartirlo con los demás es cuando estamos seguros de que hemos tomado el camino correcto, el camino que vale la pena seguir.

Yo, si Dios quiere, seré cura, con grandes retos, con algunos momentos duros, otros felices, pero sobre todo con mucha alegría y paz.

Sea cual sea tu vocación ponte la 10; ama, entrégate, sufre, llora, sonríe, da lo mejor de ti y serás feliz. Dios te quiere feliz y sabe que lo serás cuando decidas ser la mejor versión de ti.

 

Pablo Henao