Mi sueño es que la Iglesia sepa comunicar. Yago de la Cierva

    Hoy tenemos la suerte de poder entrevistar a Yago de la Cierva uno de los grandes comunicadores de la vida de la Iglesia.

    Yago después de haber organizado Congresos Universitarios y una Jornada Mundial de la Juventud, ser profesor de Comunicación de una Universidad Pontificia, fundar Rome Reports y escribir libros ¿Qué te falta por hacer? ¿Cuáles son tus próximos proyectos?

    ¡De “grandes comunicadores” nada! Me falta ¡muuucho por hacer! Mi dedicación principal es la enseñanza en una escuela internacional de dirección de empresas, pero sigo empleando muchas horas del tiempo libre a mi pasión: los grandes eventos de la Iglesia. Estoy intentando ayudar a la JMJ de Panamá, en enero del 2019, para que sea magnífica: que aprendan de las anteriores para repetir y mejorar lo que ya salió bien, y eviten lo que salió regular o decididamente mal. Son ocasiones en que muchos jóvenes se acercan a la Iglesia, y formar parte de ese canal de gracia es un verdadero privilegio.

    Hace unas semanas hablábamos con Carlos Santana, DirCom de los Agustinos Recoletos, de los retos de la Comunicación en la vida de la Iglesia nos decía que se habían dado muchos pasos pero  ¿En qué crees que se puede mejorar?

    Estoy de acuerdo, la Iglesia cada vez comunica mejor. Hay más personas dedicadas a esa tarea, le dedican más tiempo, se preparan profesionalmente, y su autoridad dentro de sus diócesis e instituciones eclesiales también crece. Pero todavía queda mucho por hacer. El salto principal que me gustaría ver no tiene que ver con técnicas ni con instrumentos, sino con el vínculo existente entre gobierno y comunicación. Mi sueño es que quienes dirigen las instituciones de la Iglesia se den cuenta que una parte fundamental de su misión es comunicar. No transmitir ni informar, sino escuchar, entender, dar razones, inspirar y rendir cuentas. Cuando esto suceda, los comunicadores eclesiales podrán ayudarles mucho más de lo que ahora hacemos.

    Hoy en el Sínodo de los Obispos se habla mucho de escuchar a los jóvenes. Tú tuviste la oportunidad en la JMJ de Madrid de trabajar con muchos de ellos, ¿Crees que se les escucha y en que puede mejorar la Iglesia en la escucha de los jóvenes? ¿Nos puedes contar algún recuerdo de esos días en Madrid?

    Yo pondría el acento no en la Iglesia como una organización impersonal y enorme, sino en cada una de las personas que la formamos. Hay parroquias, grupos juveniles, movimientos, congregaciones, etc., donde los jóvenes se sienten escuchados y queridos. A veces exageramos la diferencia entre jóvenes y adultos. Es cierto que hay diferencias, pero lo esencial es común: ¡todos queremos ser tenidos en cuenta, tratados uno a uno, atendidos sin mirar el reloj! Si algo es distinto, sería la confianza. Los jóvenes merecen que confiemos en ellos. Eso es, para ellos, dejar de ser niños y pasar a ser adolescentes. Y confiar en ellos significa ser exigentes. Solo exigimos a quienes pensamos que pueden dar más, que son capaces de más. La Iglesia es exigente con los jóvenes porque piensa que ya no son menores de edad, sino personas completas.

    La verdad es que en la JMJ de Madrid estuve más en las “tripas” de la organización que disfrutando con los que vinieron. Pero sí que estuve en constante relación con el equipo de comunicación: todos menores de 30 años, entusiastas, preparadísimos y dispuestos a todo. Si de algo estoy orgulloso es de haber confiado al cien por cien de todos ellos, de haberles puesto metas exigentes y luego dado completa libertad. Comprobé que fueron lo mejor de la JMJ.

    Hace unas semanas un grupo de chicos jóvenes nos decía que el problema es que los sacerdotes no hablan su lenguaje, ¿Crees que sólo es un problema de comunicación entre la Iglesia y los jóvenes?

    Los que peinamos canas somos menos flexibles que los jóvenes. Somos nosotros los primeros que tenemos que cambiar, para conectar con ellos. No es cuestión de aprender un “lenguaje” propio, sino que sientan que ellos son para nosotros lo más importante de nuestra vida, y que estamos deseando adaptarnos a ellos. El mensaje cristiano es la persona de Jesús, amable y exigente al mismo tiempo. No podemos cambiar su vida ni su mensaje, pero sí que podemos esforzarnos más para contarla mejor.

    Muchísimas gracias Yago, estamos encantados que nos hayas concedido parte de tu tiempo.