«¿Tenéis tele o radio?»

Cerca de 120 jóvenes malagueños vivieron este verano una experiencia de fe por diversas ciudades españolas. Así nos lo cuenta Alfa y Omega

A primera vista no parecía el plan perfecto para un adolescente: una semana sin móvil, sin playa, alguna noche durmiendo en el suelo, Eucaristía diaria y plan de visitas sin desvelar del todo para, decían los organizadores, «que cada día sea una oportunidad de sorprenderse de los regalos que Dios nos da». Aún así, alrededor de 120 jóvenes de la parroquia de San Patricio de Málaga, acompañados por el vicario parroquial, Gustavo Mills, se embarcaron del 23 al 28 de julio a una peregrinación por diversas ciudades españolas.

El viaje interior comenzó unos días antes, con una celebración penitencial para preparar el corazón. La primera parada fue en Madrid, donde visitaron la catedral de la Almudena y, en el Seminario Redemptoris Mater, la tumba de Carmen Hernández, iniciadora junto a Kiko Argüello del Camino Neocatecumenal al que pertenecen. Hijos de familias numerosas, conocían por sus padres cómo la predicación de Carmen en torno a la familia y a la apertura al don de la vida había sido fundamental para su propia existencia. «Sin esta mujer, a lo mejor yo no habría existido, porque soy el quinto de siete hermanos», decía alguno de los participantes en su testimonio. La Eucaristía a los pies de la Virgen de la Paloma puso el broche dorado a la jornada más castiza.

«¿No tenéis tele ni radio?»

En la catedral de Segovia, se quedaron especialmente impresionados con El árbol de la vida, de Ignacio de Ries, y los versos que acompañan el cuadro, que representa la vanidad de los placeres de este mundo: «Mira que te has de morir. Mira que no sabes cuándo. Mira que te mira Dios. Mira que te está mirando», aparecieron en las letras de todas las canciones conmemorativas que compusieron para el improvisado concurso de la velada final. La escatología a ritmo de Jennifer López tiene su punto.

De camino a Zamora, parada obligada en Toro . Allí tuvo lugar un encuentro muy especial con la comunidad del convento de Santa María la Real de las Dueñas de la Orden de Predicadores. Tiempo para compartir experiencias de fe, para recibir el anuncio del kerygma o para preguntar sobre los entresijos de la vida contemplativa: «¿Tenéis tele o radio?», pregunta una chica. «No –contesta una de las religiosas– pero aquí nos enteramos de lo que pasa incluso antes de que salga en la radio porque la gente nos llama para que recemos por tal o cual cosa que acaba de ocurrir».

Unas monjas felices

Ya en Ávila, visita a los principales lugares teresianos hasta llegar al monasterio de la Encarnación, donde tuvieron un encuentro con las monjas en el que pudieron ver de primera mano la sencillez de la vida religiosa y la felicidad que produce en quienes la siguen. «Verlas tan felices me ha hecho plantearme seriamente mi forma de vida –comentaba una de las peregrinas–. Cuando me dijeron que tenía que venir sin móvil al viaje, yo pensaba que no iba a poder vivir sin él. Ahora me he dado cuenta de que realmente no lo necesito, de que era esclava. Las monjas no tienen apenas nada material y son mucho más libres que yo». Ganaron el jubileo por el Año Teresiano; y les fue impuesto el escapulario de la Virgen del Carmen.

En el regreso a Málaga aún hubo oportunidad de vivir experiencias de fe importantes, como la que tuvieron al escuchar los testimonios de las agustinas del monasterio de la Conversión de Sotillo de la Adrada (Ávila).

Kilómetros de vivencias únicas entre las cuales destacaron el sentimiento de comunión, de estar en casa en cada una de las comunidades parroquiales en las que fueron recibidos, de sentirse cerca de los grandes santos españoles, de ser parte de la gran familia que es la Iglesia.

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