Cristo vence

Cristo ha vencido a la muerte, ¡ha resucitado! El valor inmenso de los misterios de la Pasión y muerte de Nuestro Señor que hemos celebrado, se basa en el triunfo de Jesús sobre las tinieblas, la muerte; Él es la Luz.

En las celebraciones de la Vigilia Pascual, de distintos lugares del mundo se comparte con gran gozo, la admisión de nuevos miembros de la Iglesia, la inserción al cuerpo de Cristo, ocurre al recibir el sacramento del bautismo, cuando se es ya más mayor, no un bebé, con pleno uso de razón quien pide el bautismo, se le llama catecúmeno, palabra procedente del latín y del griego que significa: “el que es instruido de viva voz.” La personas que reciben el bautismo cuando tienen conciencia de lo que van a recibir, experimentan un proceso de formación, donde conocen y aprenden la fe a la que se quieren incorporar, se instruyen. Esto es así desde los primeros cristianos.

Ahora viene la pregunta del millón, ¿Y qué consecuencias tiene la resurrección de Jesús en mi vida y la de la humanidad?

Te responderé con las palabras del Papa emérito, Benedicto XVI en su homilía de la Vigilia Pascual del Sábado Santo, 7 de abril de 2007 en la Basílica Vaticana.

(…) <<Dondequiera que tu caigas, caerás en mis manos. Estoy presente incluso a las puertas de la muerte. Donde nadie ya no puede acompañarte y donde tú no puedes llevar nada, allí te espero yo y para ti transformo las tinieblas en luz.>> (…)

¿Y qué significa lo que decimos en el Credo, descendió a los infiernos?, ¿y qué hizo allí?

De nuevo en palabras de Benedicto XVI en esa misma homilía:

 

(…) <<Las puertas de la muerte están cerradas, nadie puede volver atrás desde allí. No hay una llave para estas puertas de hierro. Cristo, en cambio, tiene esta llave. Su Cruz abre las puertas de la muerte, las puertas irrevocables. Éstas ahora ya no son insuperables. Su Cruz, la radicalidad de su amor es la llave que abre estas puertas. El amor de Cristo que, siendo Dios, se ha hecho hombre para poder morir; este amor tiene la fuerza para abrir las puertas. Este amor es más fuerte que la muerte. Los iconos pascuales de la Iglesia oriental muestran como Cristo entra en el mundo de los muertos. Su vestido es luz, porque Dios es luz. “La noche es clara como el día, las tinieblas son como luz” (cf. Sal 138 [139],12). Jesús que entra en el mundo de los muertos lleva los estigmas: sus heridas, sus padecimientos se han convertido en fuerza, son amor que vence la muerte. Él encuentra a Adán y a todos los hombres que esperan en la noche de la muerte. A la vista de ellos parece como si se oyera la súplica de Jonás: “Desde el vientre del infierno pedí auxilio, y escuchó mi clamor” (Jon 2,3). El Hijo de Dios en la encarnación se ha hecho una sola cosa con el ser humano, con Adán. Pero sólo en aquel momento, en el que realiza aquel acto extremo de amor descendiendo a la noche de la muerte, Él lleva a cabo el camino de la encarnación. A través de su muerte Él toma de la mano a Adán, a todos los hombres que esperan y los lleva a la luz.>> (…)

Para concluir os comparto unas palabras que pronunció en esa homilía, con ellas se llena el corazón y nos ayuda a caminar junto a Jesús.

<<Sólo Cristo resucitado puede llevarnos hacia arriba, hasta la unión con Dios, hasta donde no pueden llegar nuestras fuerzas. Él carga verdaderamente la oveja extraviada sobre sus hombros y la lleva a casa. Nosotros vivimos agarrados a su Cuerpo, y en comunión con su Cuerpo llegamos hasta el corazón de Dios. Y sólo así se vence la muerte, somos liberados y nuestra vida es esperanza.>>

Los demás van a notar desde AHORA, el cambio en los detalles del día a día en nosotros. Recomenzamos en Él (Jesús). Vivamos como testigos de Jesús resucitado, SOMOS TESTIGOS DE LA RESURRECCIÓN.

https://www.youtube.com/watch?v=PNVtsrJxYi0