“Gestionar” un colegio es vivir cada día intentando amar y servir a todos. Pedro Luis Llera

Hoy entrevistamos a un joven católico entrado ya algo en edad pero que ha desafiado las dificultades del mundo de hoy para dirigir el Colegio Juan Pablo II en Cádiz.

Pedro, tu eres el director del Colegio Juan Pablo II en Puerto Real (Cádiz),¿Como se gestiona un Colegio y, en este caso, un Colegio que se llama Juan Pablo II?

Gestionar un colegio católico consiste en tratar de amar a todos siempre. Eso, para nosotros (para mí) es imposible: solo se puede amar a todos siempre con la gracia de Dios. Por eso, lo más importante para mí es vivir en gracia y suplicar al Señor cada mañana que me ayude. Hay que amar a los niños, que sus familias (y Dios) nos encomiendan. Los hijos son el mayor tesoro de sus padres. Por eso, mientras estén en el colegio, a esos niños tenemos que cuidarlos como si fueran nuestros propios hijos. Y debemos amarlos como si fueran nuestros propios hijos. No se puede educar a un niño si antes no se le ama. El amor es la mejor estrategia educativa, la única metodología educativa realmente eficaz.

Y no solo debo amar a los niños. También hay que amar a las familia: a los padres, a los abuelos, a los tíos… Todos forman parte de la familia del Colegio. Debemos preocuparnos por sus problemas, rezar por ellos cuando llegan momentos duros. Tenemos que intentar ayudar y procurar la salud de alma y cuerpo de todas las familias que han confiado en nosotros.

Y por último, como director del colegio, una de mis labores prioritarias consiste en amar a mis profesores. Amar significa buscar siempre lo mejor para el otro. A los profesores tengo que apoyarlos, animarlos, aconsejarlos; a veces también corregirles si meten la pata (que todos la metemos). Pero un director debe estar al servicio de sus profesores para que ellos puedan realizar su trabajo en las mejores condiciones posibles. Y también rezo por mis profesores todos los días: para que el Señor los ayude, para que se conviertan y vivan en gracia de Dios; para que el Señor los haga santos, porque los niños no se merecen menos que tener maestros santos.

Ese amor por todos se concreta en labores tan simples como abrir las puertas del colegio cada mañana y saludar por su nombre a los niños, escuchar las preocupaciones de los padres o de los profesores, empezar cada mañana ante el Sagrario rezando por cada uno de mis profesores, por los niños y por sus familias…

Luego están las tareas administrativas, la relación con la inspección y con las administraciones, la relación con la Fundación y con los demás directores de los colegios Juan Pablo II…

“Gestionar” un colegio es vivir cada día intentando amar y servir a todos. Yo no lo entiendo de otra manera. El poder te lo da el nombramiento como director; la autoridad se gana cada día predicando con el ejemplo.

¿Cómo te metiste es esta aventura?, ¿Cuéntanos un poco tu historia personal? 

Yo no me metí en ninguna aventura: a mí me metió el Señor. A mí me llamó el Señor hace ya muchísimos años cuando recibí la vocación. Dios me llamó a ser padre de familia y me pidió que fuera su testigo educando a los niños, especialmente a los más pobres: a los más necesitados de su gracia. Yo nunca pensé que acabaría siendo director. A mí me gusta educar en el aula. Disfruto con mis alumnos adolescentes cada día en mis clases de Lengua Española y Literatura.

Empecé como profesor en un colegio católico de Asturias. Allí acabaron pidiéndome que fuera director. Pero tuve que dimitir: me querían imponer un plan de educación afectivo-sexual que se daba de bofetadas con la moral de la Iglesia. Era un plan que respondía a lo que propugna la ideología de género. Para mí resultaba inaceptable. Y dimití. Creo que un colgio católico no puede aceptar ese tipo de ideologías que son realmente una contra-moral. La ideología de género predica exactamente lo opuesto a la doctrina de la Iglesia. Aceptar esa ideología es apostatar: pisotear la cruz de Cristo. Y me vi ante la disyuntiva de traicionar al Señor y tragar… o dimitir. Y dimití. Y entonces tomé la decisión de dejar aquel colegio.

Así que el Señor me llevó a Madrid y luego, a dirigir un Colegio en Murcia y ahora, me ha traído a Puerto Real.

Mi vida y la de mi familia está en manos de Dios. Y lo único que le pido a mi Señor es que me dé la gracia para ser santo y aceptar siempre su voluntad.

Tu estas en contacto con muchísimos, ¿Que piensas que les falta para encontrarse con Jesús?

El mundo vive como si Dios no existiera. Busca la felicidad en el “disfrutar”. “Hay que disfrutar de la vida”. La felicidad para la mayoría consiste en “vivir bien”, que no te falte de nada; poder comprar y consumir, poder viajar y hacer turismo para hacerse selfis que podamos colgar en Instagram para que todos vean lo felices que somos. El mundo no entiende que la felicidad, la única que no defrauda, es Cristo; que ser feliz es vivir en gracia, libre del pecado. Hay mucha gente que busca la felicidad en el pecado y lo que acaba encontrando es la esclavitud de los vicios. La felicidad no la dan las cosas, sino Dios, que con su gracia, nos libera del pecado.

El mundo ha cambiado el rosario por el yoga y la adoración a Cristo Eucaristía por el mindfulness. Y así les va: el suicidio es la primera causa de muerte no natural en Occidente.

Lo que hace falta es predicar la conversión a Cristo. Lo que hace falta es que haya más santos. El mundo no lo cambiarán los políticos ni las ideologías. El mundo lo cambian los santos. Nosotros no podemos por nosotros mismos cambiar el mundo ni cambiarnos a nosotros: es Cristo quien nos puede hacer santos por su gracia. El mundo cambiará cuando todos vivamos unidos a Cristo. Por eso debemos conducir a todos a Él. Hoy hay que llamar con insistencia a la conversión.

¿Cuál es la importancia de un centro educativo en la nueva evangelización?

Un centro educativo católico debe ser un lugar donde la fe sea algo tangible; un fe que se exprese fervientemente en la liturgia, en los sacramentos; por medio de la oración, los actos de caridad, la solicitud por la justicia y el respeto por la creación. Una escuela católica debe educar con amor y debe trabajar para que niños y jóvenes descubran la Verdad. Conducir a los niños a descubrir la Verdad, la Belleza y el Bien es evangelizar.

La Junta de Andalucía no es que ayude mucho a los colegios con el ideario de vuestro colegio, ¿Como sobrevivís?

No sé si sobreviviremos… La nueva ley aprobada por unanimidad en el Parlamento Andaluz para “garantizar los derechos, la igualdad de trato y no discriminación de las personas LGTBI” impone a todos los andaluces la ideología de género. En nombre de la no discriminación, se impone una determinada antropología y una moral. Como dicen los obispos andaluces, “cuando un Estado quiere imponer una ideología cae en la injusticia y promueve el totalitarismo del pensamiento único”. Los colegios católicos no pretenden discriminar a nadie ni propugnan que se discrimine a ningún colectivo. Pero esta ley nos pone ante una disyuntiva complicada: aceptar la ideología de género y apostatar, renunciando explícitamente a la santa doctrina de la Iglesia; o asumir las consecuencias de la fidelidad a Cristo y disponernos para el martirio. Que la Santísima Virgen María, mediadora de todas las gracias, interceda por nosotros para que Nuestro Señor Jesucristo nos condeda la gracia de permanecer fieles hasta el final y nos cuente entre sus elegidos.

Queríamos terminar con esta imagen que hemos elegido para el post, ¿Que puedes decirnos?

Ahí estamos todos los directivos de la Fundación Educatio Servanda adorando al Santísimo de rodillas. La foto creo que habla por sí misma… Nosotros somos siervos del Señor y sólo ante Él estamos dispuestos a arrodillarnos; no ante los poderosos de este mundo. Nosotros vivimos de la Eucaristía y adoramos a Cristo Eucaristía. A Él el honor y la gloria por los siglos de los siglos.