Un año más…. una Navidad más…

Un año más. Navidad, otra vez decorar las calles, decorar toda la casa, cenas y comidas infinitas, Misa el día de Navidad… pero muchas veces nos lo tomamos como “un año más”.

¿De verdad es solo un año más? ¿El mismo paripé un año más? ¿Crees que el Señor piensa que es solo un año más? Si creemos que para el Señor es una Navidad entre tantas, apaga y vámonos. Para Dios, cada Navidad es única, es irrepetible, es como la primera, pero de verdad. 

Seguramente ya lo sepáis y por eso ya no le damos tanta importancia, o pensamos que es lo de cada año, pero… ¡qué ingenuos somos! A Dios sí le importa esta Navidad, a la Virgen sí le importa esta Navidad. Realmente Dios se hace niño, pero de verdad, de verdad. ¿Qué fuerte no? Dios se hace el más vulnerable, el más humilde, necesitamos que sea más pequeño que nosotros porque así nos hace grandes… y ¿nosotros pensamos que es solo una Navidad más? Pobre Señor….

Todo el Adviento es para caer en la cuenta de que Dios viene y se queda para siempre, para siempre. Todo el Adviento es preparar la llegada más importante del mundo. Cuando Dios nazca tiene que sentirse gozoso, ¡qué suerte haber nacido! Y lo típico que se dice, “que nazca en nuestro corazón” también. El Señor tiene que tener el mejor lugar en nuestro corazón, Dios tiene que nacer en nosotros también, ¡claro!

Ahora piensa, ¿qué regalo le vas a hacer esta Navidad al Señor? ¿Cómo te estás preparando para Su llegada? Te puedes hacer tu propio calendario de Adviento y cada día ponerte un pequeño propósito, ir día a día, preparando tu corazón con pequeños detalles. No hay nada que le guste más al Señor. Y por último… este Adviento vívelo cogidísimo de la mano de la Virgen, piensa cómo se preparó ella para recibir al Hijo de Dios. El Adviento es el tiempo más mariano de todos, más que el mes de mayo, más que el mes del Rosario… el Adviento es el tiempo de espera con María. ¿Qué regalo no?

¡Ánimo! Y que esta sea LA Navidad. No hagas como cada año, que vives la Navidad como una más, sino vívela como Dios se merece.