Asesinado un nuevo sacerdote.

Otro sacerdote asesinado en las tan católicas Filipinas. Otro sacerdote comprometido desde hace décadas en las luchas por la justicia social en las zonas rurales del país. Sucedió en el distrito de Nueva Ecija, en la parte central de la gran isla de Luzon: un asesino a bordo de una motocicleta le disparó al padre Marcelito (Tito) Páez, sacerdote de 72 años de la diócesis local de San José. Murió poco tiempo después en el hospital. El padre Tito fue responsable de la pastoral social en su diócesis y actualmente era el coordinador local de los “Rural Missionaries”, organismo que engloba en Filipinas a los religiosos y a las religiosas de las diferentes congregaciones comprometidos en las luchas por la defensa de los derechos de los más pobres en las periferias agrícolas de Filipinas.

Lo que sucita preocupación es que precisamente hace dos días el padre Tito logró obtener la liberación de un activista de los movimientos campesinos locales que protestan en contra del avance de las compañías mineras y de las grandes plantaciones en toda la zona. Rommel Tucay (arrestado en marzo con la acusación de apoyar a la guerrilla maoísta de los Npa) fue liberado después de casi nueve meses gracias a la batalla legal que combatió a su favor el sacerdote. Por la noche alguien debe haber decidido atacar al padre Páez precisamente por este motivo.

«Condenamos con fuerza el asesinato injusto y brutal del padre Tito Páez –escribió en una nota el arzobispo de San José, monseñor Roberto Mallari. Pedimos a las autoridades que investiguen y que hagan justicia por su muerte».

No es la primera vez que es asesinado un sacerdote en circunstancias parecidas en Filipinas: son muchas, por ejemplo, las semejanzas entre este homicidio y la muerte del padre Fausto Tentorio, el misionero italiano del PIME asesinado en Mindanao en 2011. También el padre Tentorio estaba vinculado a los Rural Missionaries; también él, por su compromiso en defensa de los derechos de las poblaciones “manobo” en el valle de Arakán, fue acusado de haber apoyado a grupo guerrillero de los Npa, en un contexto en el que los grupos paramilitares contratados por políticos corruptos y para defender intereses económicos no se andan a la ligera.

 

Hay que recordar que el contexto general en el que se inscribe el homicidio del padre Páez es alarmante. El pasado 23 de noviembre, el presidente filipino Rodrigo Duterte declaró formalmente canceladas las negociaciones de paz con el National Democratic Front, la formación que es considerada el brazo político de la guerrilla maoísta. EL diálogo fue fruto de una intermediación de la diplomacia noruega y, al comenzar su mandato, Duterte se dijo dispuesto a impulsarlo. Por el contrario, ahora llega la ruptura, marcada por nuevos enfrentamientos entre el Npa y el ejército regular filipino, sobre todo en las zonas rurales que son los enclaves de los milicianos.

Duterte ordenó una lucha abierta en contra de la guerrilla maoísta, pero existe el temor de que esto se pueda convertir en un pretexto para deshacerse de muchas otras voces incómodas en las zonas rurales.

Articulo Original en Vatican Insider