Hay que ser original para casarse hoy. Entrevista a Lucas Buch

Entrevista con Lucas Buch, co-autor con Nicolas Alvarez de las Asturias y María Alvarez de las Asturias, del libro: Una decisión Original, guía para casarse por la Iglesia.

¿Por qué habéis escrito este libro? Porque cada vez que hemos hablado sobre el matrimonio con parejas que se estaban preparando para ese momento, nos lo han agradecido. De algún modo, el matrimonio es lo que todos conocemos, lo que damos por supuesto… y sin embargo (o quizá precisamente por eso) se está convirtiendo en algo que ya conocemos muy poco. Por eso nos pareció que hablar de matrimonio con detalle y “tocando tierra” podría resultar interesante para muchas personas.

El título hace referencia a la decisión de casarse como “una decisión original” ¿por qué es original? Si me pides una respuesta periodística, te podría decir: porque cada vez se casa menos gente, y hay que ser “original” para hacerlo. Si quieres una respuesta más honda, te diré: porque el matrimonio es el modo “original” en que un hombre y una mujer están llamados a amarse. Hace unos años había en Barcelona una publicidad sobre Gaudí, el arquitecto de la Sagrada Familia, en que se recogía una frase suya: “La originalidad consiste en regresar al origen”. Eso es lo que pretenden las personas que se casan por la Iglesia: regresar al amor original, a ese que, en nuestro corazón, todos deseamos. Lo llevamos de algún modo inscrito en el alma como una sed que no podemos apagar.

Muchas veces se oye hablar del matrimonio como algo que limita la libertad o contrario a la libertad; ¿es así? Depende de cómo entiendas la libertad. Si ser libre consiste en estar siempre indeterminado, en poder elegir siempre entre el mayor número de posibilidades, evidentemente el matrimonio (como cualquier compromiso) resta libertad. Pero si la libertad es el modo en que cada uno escribe la propia vida, dándole forma ante las mil situaciones que nos sobrevienen, entonces el matrimonio no solo no resta libertad, sino que constituye un modo de realizarla. La vida es como un mar en continuo movimiento, y nuestras decisiones nos permiten tomar un rumbo más allá de vientos y corrientes. ¿Mantener un rumbo nos quita libertad?, ¿o es la manifestación más clara de que somos libres para ir hacia algún lugar.

¿Es posible un amor para toda la vida? La respuesta está en el libro: todos experimentamos que es posible querer a alguien siempre. Por más que pasen los años, seguimos queriendo a nuestros abuelos, a nuestros padres, hijos, hermanos… ¿Por qué no iba a ser posible querer al propio cónyuge durante toda la vida? De hecho, lo hemos visto en muchas parejas. Además, es uno de los anhelos más arraigados en el ser humano, y un anhelo tan profundo y universal no puede quedar sin respuesta.

¿Por qué insiste la Iglesia en que no se deben tener relaciones antes del matrimonio? No sé si insiste tanto… En todo caso, no creo que la cuestión sea “relaciones prematrimoniales sí – relaciones prematrimoniales no”. Más bien, lo que está en juego es: ¿qué espera una pareja de jóvenes del noviazgo? ¿De verdad lo ven como un tiempo para conocerse a fondo, para empezar a compartir la vida y discernir si a esa persona quiero entregarle la vida entera? Me parece que a menudo esa es la gran cuestión: la visión superficial (a veces banal) de un periodo tan decisivo como el noviazgo.

En todo caso, y perdonad que “insistamos”, pero ¿qué decís vosotros sobre esa cuestión? En el libro nos centramos sobre todo en el significado de la sexualidad humana, que nos parece otro punto que se suele dejar de lado. En una caricia, en un beso, en tener relaciones con alguien vemos, sí, muestras de cariño, de amor… ¿pero de verdad creemos que lo que dice el cuerpo pueda tener un significado que afecte a toda mi persona? Dicho de otro modo, ¿cuántas parejas hoy se entregan mutuamente en la relación sexual entregando, a la vez, la vida entera? No es de extrañar que haya tantas noticias sobre la insatisfacción sexual: no es cuestión de técnicas y posturas, es cuestión del significado que tiene… y del que le damos en nuestra vida. Las relaciones sexuales entre un hombre y una mujer significan una entrega total y exclusiva, algo tan grande que puede dar lugar a una vida humana. Si las reservamos para el momento en que se ha cumplido ya esa entrega, en el matrimonio, las viviremos con su pleno valor, y serán, por tanto, una experiencia de plenitud en el amor. No conozco a nadie que se haya comportado así y se haya arrepentido. De los otros, en cambio, podría nombrar muchos (dolorosos) ejemplos.