¿Confesión mí me conmigo? ¡El abrazo es cosa de dos!

De pequeños nos costaba un montón pedir perdón. Después de hacer alguna trastada corríamos a escondernos y no aparecíamos en toda la tarde. Al final, nuestros padres nos obligaban a pedir perdón a los “damnificados” y – con suerte – lo hacíamos a regañadientes…

Ahora, ya adultos, nos sigue costando. Sentirse culpable por haber dañado a otro es duro. Sin embargo, si nos fijamos, descubrimos que todos los miedos son fruto de mirarse a uno mismo… entonces, ¿por qué no mirar al otro? 

Siempre que hablamos de la confesión nos centramos, sobre todo, en nosotros: mis pecados, me da vergüenza, qué pensará el cura de , nunca mejoraré…

Pero si de verdad tenemos que pedirle perdón a Jesús, ¿lo lógico no sería fijarnos en Él? ¿Qué le ha dolido? ¿Por qué le afecta tanto nuestra vida? ¿Cómo es que nos espera con los brazos abiertos?

La respuesta a estas preguntas sólo puedes encontrarlas tú en la oración, pero también queremos ayudarte con la Catequesis que iniciamos hoy sobre la Confesión. Estás a un paso de dejarte abrazar por Jesús, de redescubrir el Sacramento que te libera de todas las ataduras que te impiden amar… Esta catequesis contará con los siguientes post:

  1. La amistad se construye perdonando
  2. Esto de confesarse… ¿No se lo habrán inventado…?
  3. Lo que es y no es confesarse
  4. ¿Vergüenza…?
  5. No sé si me acordaré de todo…
  6. Me cuesta arrepentirme… ¿Lo volvería a hacer?
  7. Una recomendación especial
  8. ¿Por qué se confiesan los santos?