LGTB, ¿luchar o comprender?

El pasado 26 de junio el Dr. Carlos Chiclana fue entrevistado por Marta Santín para el periódico digital Religión confidencial, a continuación se reproduce parcialmente la entrevista realizada.

– Da la sensación que cada vez hay más homosexuales tanto ellos como ellas. ¿A qué es debido? 

Hay menos miedo y mayor visibilidad, pero según las últimas estadísticas hechas en EEUU no ha aumentado la proporción, y en la última encuesta nacional se reconocía gay o lesbiana un 1,6% de la población general.

– De cara al día del Orgullo Gay, el Word Pride, independientemente de la fiesta ¿cree que crea confusión en los jóvenes este tipo de eventos? 

No más que un telediario de cualquier cadena. Depende de cómo estén formados podrán tener sentido crítico. Si sólo asisten a las fiestas, carrozas y movidas en los barrios, será una fiesta más. Ojalá se atrevan a asistir a los foros de pensamiento, escuchar a quienes defienden diversas ideologías, compartir con ellos puntos de vista, hacer propuestas y dejar que les hagan propuestas, estar receptivos, diferenciar los intereses económicos, los ideológicos, los sexuales, los políticos… y que desde ahí se cuestionen lo que piensan, qué quieren, cómo van a hacer para respetar a cada persona de verdad, cómo van a defender sus ideales, cómo quieren desarrollar su proyecto de búsqueda de la felicidad, que no se dejen engañar por nadie, que desarrollen criterio personal, que contrasten lo que les cuentan en la calle con lo que les cuentan las personas que les quieren.

-Dentro del ámbito terapéutico… ¿Existe alguna manera de encauzar la afectividad hacia el sexo opuesto si una persona así lo desea?

Cuando cualquier persona solicita ayuda para resolver algo que le genera sufrimiento o malestar subjetivo, el profesional que quiere hacer una buena práctica médica, psicológica o psicoterapéutica primero intenta aceptarle y escuchar sin juzgar, después procurará ahondar en el origen y causas de lo que genera el malestar y, en acuerdo y colaboración con quien pide ayuda, trazar un plan para buscar una solución o atenuación a su sufrimiento. En todo caso evitará activamente manipularle, obligarle, forzarle más o menos activamente a que encauce su vida hacia ningún sitio. Esto no significa inactividad o pasividad por parte del profesional, sino precisamente una aceptación activa de la libertad, con todo su sentido, de la persona con quien está trabajando en consentimiento y colaboración.

En este sentido, ante un malestar relativo a la orientación sexual, a la afectividad, a las relaciones sexuales, a los objetos/sujetos de deseo sexual, a la identidad sexual, a la satisfacción sexual, el rendimiento sexual, la ausencia de interés sexual o cualquier otro motivo de petición de ayuda, si el profesional actúa de acuerdo con el código deontológico y se guía por la buena praxis, podrá ayudar a cualquier persona que lo necesite porque se enmarcará perfectamente en las leyes nacionales y autonómicas al no proponer terapias que no están aprobadas por ninguna escuela ni colegio profesional, sino que empleará aquellas terapias psicológicas sí probadas científicamente para ayudar a la persona a tener autonomía, ejercer su libertad, descubrir su propia identidad, etc.

De esta manera el profesional ayuda a la persona y colabora con ella para que sea ella quien descubra lo que desea y por dónde quiere llevar su vida, también la vida sexual. Por tanto no se trata tanto de encauzar, sino de que la persona entienda qué ocurre, cómo ha llegado hasta ahí, cuál es el motivo que le puede estar generando malestar y que sea ella quien decida hacia dónde y cómo puede andar, no es el profesional quien encauza o decide.

Personalmente atiendo profesionalmente a personas homosexuales que no tienen ningún interés en cambiar su orientación y yo no se lo propongo, otros que dudan de su orientación sexual y trabajamos el origen de sus dudas, sus intereses, etc., y ellos deciden finalmente qué hacer, pero el objetivo de la terapia no es la aversión a algo ni la conversión en otra persona, sino su conocimiento personal, desarrollo de estrategias y habilidades en las áreas de su vida que precisen desarrollo y maduración, y que desde ahí la persona decida libremente qué quiere.

Hay que entender que los profesionales conocemos que los problemas relativos a la sexualidad, de cualquier tipo desde una disfunción eréctil a una disforia de género, pueden tener su origen en muy diversas causas, desde un problema cotidiano a una patología psiquiátrica, por eso somos muy prudentes en la evaluación e intentamos no hacer juicios a priori sobre lo que tiene que ser o no ser.

-¿Qué tipo de barreras legales existen a la hora de atender a personas con una identidad sexual que no se sientan como propia?

Sí sé que si se pretende utilizar la ciencia para hacer política, ideología, religión, sociología, economía, etc. Mi propuesta en este tema, en las sociedades científicas a las que pertenezco y en los congresos académicos en los que participo, es la de la búsqueda de los acuerdos científicos, buscar lo que une a las personas en el ámbito científico y que no nos dediquemos a la lucha ideológica, política, religiosa, económica… eso tiene otros foros.

Así ha ocurrido por ejemplo en Mayo de 2017 en la reunión de la World Associattion for Sexual Health en Praga, en la que hemos participado desde nuestra Consulta y hemos debatido desde posturas muy diversas, buscando puntos de unión, intentando diseñar puentes y respetar las diferentes posturas. Al escuchar a personas de los cinco continentes se te abre la mente y cuando conoces profesionales de países donde se condena legalmente con pena de muerte la homosexualidad o la transexualidad, entiendes parte de la lucha que puede dar lugar a leyes que en su afán de defender unos intereses básicos sobrepasen los límites constitucionales, pisen los derecho de otros y se pasen de frenada.

 

-El Obispo de Solsona ha sido abucheado por plantearse si la creciente confusión en la orientación sexual de chicos adolescentes no se debe a la ausencia de la figura del padre. ¿Qué hay de cierto en este planteamiento?

Por poder, puede ser cierto que le ocurra a algunas personas a otras no, en este sentido vuelvo a lo explicado antes: en el caso de alguien con problemas en la relación con su padre o que no lo ha tenido presente, es más probable que te centres en trabajar ahí, si a él le interesa, más que en si le atraen los chicos o las chicas. Si eso estaba relacionado con su orientación sexual y esta se modifica posteriormente, es algo que ocurre, que la persona lo siente como propio y deseable, pero no como algo a lo que se ha llegado por aversión o conversión.

Me parece una pregunta de interés para los profesionales de la salud mental, no para un foro de religión de encuentro con Dios.

 

– Pero puede ocurrir que un chico sienta atracción por el mismo sexo y haya tenido una relación buena y adecuada con su padre, y lo mismo con su padre ¿no es cierto?

Sí.

– Desde tu experiencia ¿la homosexualidad  es genética, ambiental, educativa o de una carencia afectiva? 

Lo estudiado y publicado hasta ahora muestra que ninguna teoría, ni la genética ni la constructivista, explica toda la realidad. No conozco ningún análisis genético que muestre la homosexualidad y de las personas que me han solicitado ayuda en este sentido, la vida de cada uno era muy diversa, por eso, cuando alguien me abre su corazón en una consulta en la que hay un compromiso de confidencialidad, procuro descalzarme al entrar en la tierra sagrada de su intimidad, y lo que allí escuchas no entiende de leyes, de multas o de abucheos a obispos, está en otra dimensión que es la de un ser humano ayudando a otro.

Me parece que el interés se centra en atender a cada persona de manera única, respetando su identidad, facilitando su libertad, promoviendo su crecimiento y no tanto aplicándole una teoría. Los profesionales sabemos que cada persona es muy distinta, que la medicina o la psicología explican algunas cosas, pero cada persona es un misterio y su dignidad, su autenticidad y su valor, exigen una delicadeza extrema en cualquier tema que se trate con ellos, libres de ideologías o fanatismos biologicistas, ambientalistas o constructivistas.

– ¿Qué influencia negativa pueden ejercer los padres sobre sus hijos para potenciar el deseo por una persona del mismo sexo?

Me plantearía de forma positiva cómo pueden unos padres potenciar el sano desarrollo de su hijo. Les animaría a dedicar tiempo a sus hijos, darles abrazos, expresar el afecto, potenciar la comunicación, ¡escucharles!, hacerles sentir dignos, validar sus sentimientos, promover su autonomía, su independencia, sus sentimientos de capacidad, reforzar sus aptitudes, ayudarles a que sean personas seguras…  en fin, una aceptación incondicional es lo mejor que unos padres pueden dar a sus hijos para que integre la sexualidad en el desarrollo completo de su persona.

Además de todo esto es importantísima la educación y la formación sexual, que los padres se lo tomen en serio, que escuchen a sus hijos, que recojan sus dudas, que haya buenos libros de sexualidad disponibles en casa, que aprovechen las canciones, la moda, las fiestas, la cultura, el cine, las series, los anuncios y sus intereses para hablar de sexualidad, que les expliquen todo con lo que se van a encontrar. Hoy es necesario decidir si se lo explican los padres, internet o unos amigos más o menos bienintencionados. Que organicen cursos en sus colegios desde las Ampas, en la comunidad de vecinos o en la asociación del barrio.

Fuente: http://abcblogs.abc.es/sexo-salud/2017/08/10/lgtbi-luchar-o-comprender/