Lo nuevo hay que descubrirlo

La semana pasada vivimos de nuevo la tensión de, en este caso, la SELECTIVIDAD. Como entenderéis, para nuestra sección este acontecimiento es muy importante. Por un lado, porque un gran número de jóvenes se une al club de los universitarios. Por otro lado, ya que lo hacen con verdadera ilusión y ganas.

Esto es lo natural. Cuando empezamos algo nuevo nos emocionamos. Entra la curiosidad por conocer lo que desconocemos, por vivir otras experiencias y aprovecharlas al máximo. Estas ganas son algo muy bueno, porque nos llevan a vivir más intensamente lo que hacemos, a amarlo más. Sin embargo, y con los años se ve más claro, tenemos que ir más allá.

¿Qué pasa con los que llevamos más años que quizá hemos perdido esa motivación inicial…? Y ahora no quiero quedarme solo en lo universitario: nos puede pasar con la novia, un conocido, el trabajo, la bici, la fe…

Aquello que antes era nuevo y original ya no lo es, y por eso perdemos la ilusión. Ahora bien, se nos presenta una gran oportunidad. La posibilidad de amar las cosas por si mismas y no simplemente por el hecho de que sean nuevas. Supone dar un paso más, sacarle el verdadero partido a las cosas. Si ponemos esto en práctica notaremos cómo cada cosa repercute en nosotros para hacernos mejores, según el plan de Dios.

La universidad pasará de ser algo curioso a ser un lugar donde aprendo a esforzarme intelectualmente, a organizarme; un sitio donde encuentro a otras personas y forjo verdaderas amistades. Y a lo largo de todos los años seré capaz de mirar cada realidad que me rodea y enamorarme de lo que realmente es y de lo que me hace crecer a mí y a mis amigos.

Tanto los que empezáis como los que ya llevamos tiempo podemos adoptar esta perspectiva. De esta forma nos daremos cuenta más fácilmente del plan que tiene Dios para nosotros en esta etapa universitaria.