Caminar hacia una gran Cumbre necesita un gran Guía.

Al llegar esta mañana al lugar de trabajo me he encontrado con un amigo que me ha dicho: esto de ser santo, es muy difícil…si supiera lo que me ha ocurrido este fin de semana..

Realmente sólo hay que meditar en profundidad las palabras de quién ha experimentado la búsqueda de la santidad para darse de que la afirmación tiene su cierta consistencia. Paradoja: es más asequible ser santo que sabio, pero es más fácil ser sabio que santo; y es que eso dedicarse por entero a Dios y aguantar los defectos de los demás es todo un reto.

Un desafió que, a los que nos gusta la montaña, sabemos que para poder superarlo hay un elemento fundamental: un buen guía; porque nadie, cuando emprende la aventura de subir un 8000, sube sin antes: haber mirado el tiempo, haber consultado los mapas, o pedido consejo a un buen montañero.

En nuestro reto, la santidad, tenemos que acudir a nuestro guía que, además de conocer el monte: sus caminos y veredas; sus fuentes y arroyos. Conoce nuestras verdaderas fuerzas.

Ese guía tiene un nombre concreto: Espíritu Santo.

Por eso, ahora que se acerca Pentecostes, es el momento de escuchar sus consejo, hacer caso a sus peticiones, y emprender el Camino con su ayuda; y verás que esa montaña que te parecía un imposible se convierte en un camino algo más factible gracias a su Gracia.