Sale el cura, la Misa empieza…

Ya empieza la Misa y todos los días sale una procesión. Sí, una procesión de entrada en la que el sacerdote solo o junto con sus acompañantes se dirige hacia el altar para dar comienzo a la Celebración. Pueden que sean pocos pasos y no se realicen de forma muy solemne… pero esos pasos tienen que ser también muy decisivos para entrar ya en situación de silencio y recogimiento interior, no solo los que forman la fila, sino también todo los presentes que tendrían que entonar algún canto que manifieste la alegría del gran Acontecimiento.

Un beso de amor por parte del sacerdote al altar recoge todo nuestro cariño por Cristo que descenderá en la Consagración a recogerlo y a devolvérnoslo. Ese humilde gesto calienta la estancia y nuestros corazones preparándonos ya para que nos dejemos envolver por la invocación de la Santísima Trinidad: «En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo». Estas palabras cierran la puerta de la «casa» para que comience el gran Banquete. Amén.

Tras ello, el sacerdote nos recuerda que el Señor está con nosotros y nos va a acompañar especialmente con su Palabra y su presencia real, y por eso nos invita a que todos juntos nos reconozcamos humildemente pecadores ante Dios y le pidamos perdón por nuestros errores, especialmente a esas faltas de cariño que a veces hemos tenido hacia Él y con los demás. En estos momentos, si aprovechamos la ocasión, nuestros pecados veniales quedan perdonados y nos disponemos así, de una forma mejor, al resto de celebración.

Ya vamos acabando los ritos iniciales, y los mismos ángeles nos motivan a entonar el Gloria, un canto de alabanza a Dios que nos llena de gozo y motivación para seguir con alegría la Misa.

Por último, la oración colecta corona este canto angélico y recoge todas nuestras inquietudes para elevárselas al Señor. Aquí es donde puedes tener preparada tu intención especial para esa Misa y, junto con la oración del sacerdote, presentársela también a Dios a través de él.

Por tanto, el resumen de esta primera parte de la Misa podría ser:

  • Sin moverte de tu sitio, entra en procesión con el sacerdote, con tu silencio y recogimiento.
  • Únete desde allí al beso que pone sobre el altar.
  • Mientras te persignas no dejes de invocar a las tres personas de la Santísima Trinidad para que te acompañen de modo especial durante esos minutos que estarás en la iglesia.
  • Pide al Señor perdón por esas pequeñas faltas que recuerdes y
  • Recita el Gloria mientras pones todo tu corazón en Él.
  • Para acabar, pon tus intenciones desde ya en el altar mientras el sacerdote recita la oración colecta.

¡Ya tienes trabajo para ir practicando esta semana!

Antonio Guerrero