No aburrirse en Misa… ¡cosa de héroes!

Todos nos hemos aburrido en Misa alguna vez e incluso nos hemos podido sentir satisfechos de, por lo menos, haber asistido. Nos creemos héroes por aguantar aquellos minutos en los que el cura ha podido ser muy pesado o en los que los cantos lo único que han hecho han sido deprimirnos.

No se requieren héroes en las iglesias, sino santos que vivan lo que está aconteciendo. Y para serlo hace falta amor, el amor con el que un cristiano se funde con el Cuerpo de Cristo en la celebración. Lo que pasa es que esa unión a veces se ve eclipsada por la falta de conocimiento y de preparación con la que asistimos a Misa: así la Eucaristía se nos enfrenta como un monstruo contra el que hay que luchar y deja al guerrero molido después de la batalla.

La rutina de la celebración se nos puede echar encima y aplastar la ilusión con la que se debe disfrutar este acontecimiento tan importante que podría cambiar nuestras vidas a mejor… si nosotros se lo permitiésemos.

Tenemos que tener claro que no podemos asistir a Misa como a cualquier otro sitio al que vamos por diversión porque si no, nos llevaremos un chasco. Cada domingo tiene que ser para nosotros una oportunidad única para encontrarnos con el Señor, escuchar su Palabra y dejarnos conquistar por Él para que así nuestro corazón arda de unas alegrías que son aún mayores y eternas que las terrenas, que esas a las que ya estamos acostumbrados.

Os recomiendo ir siempre con muchas ganas a celebrar la Eucaristía, como se va a un banquete de bodas, porque también nosotros somos parte esencial de la misma y no meros maniquíes de exposición: sentarse en los primeros bancos y con los demás e interiorizar todo lo que decimos o respondemos a lo largo de la celebración. También es bueno estar informado sobre gestos y oraciones de la misma, cosa que iremos haciendo en las sucesivas catequesis.

Por último, no dejéis de recordar que en aquel altar se hace presente Cristo sacrificado y resucitado demostrándonos en cada Eucaristía todo lo que entregó por nosotros, dándonos la Esperanza del banquete definitivo del que, seguro, no nos aburriremos.

Y ahora: ¿sigues pensando que el próximo domingo también te vas a aburrir?

Antonio Guerrero