No fear to a new revolution

    Hay esperanza. Hay jóvenes católicos convencidos, cuya forma de vivir atrae. No todo son malas noticias en esta sociedad a veces mediocre y en esta juventud a veces vacía y aburrida.

    De las frases que había en las pancartas, esta fue la que más me llamó la atención. “Sin miedo a una nueva revolución“. Es un buen resumen del concierto de Hakuna, al que algunos tuvimos la suerte de asistir el pasado sábado.

    -Oye -le dices a tu amigo-, ¡vente esta tarde a un concierto de música católica!

    -Jajaja -te responde- que dices tío, no seas friki. Las canciones de misa, en misa, y mucho es.

    Esta sería la respuesta menos hiriente que podrían darte a una propuesta así y quizás, por desgracia, sea lógico y normal, porque suena a friki. Y es así, porque los jóvenes no estamos acostumbrados a vivir nuestra Fe sin complejos.

    Un viernes o un sábado, y más si es en una discoteca, hay que escuchar “Despacito”, o “Súbeme la radio”, perrear si se puede y si se acaba “pillando”, mejor. Y esto es para todos los públicos, católicos y no católicos. Sin embargo, a los católicos, quizá ciertas actitudes no nos representen muy bien, hay que pensarlo. Se puede e incluso se debe salir, por supuesto. Pero caben otras opciones de disfrutar, tomar una cerveza y conocer gente.

    Este concierto de Hakuna, fue el ejemplo de ello. Nada más lejos que tratarse de una concentración de frikis cantando canciones de misa -lo cual se aprecia simplemente en las fotos del evento-, fue, diría yo, un grito de esperanza.

    Un grito de esperanza porque había un ambiente sano, cordial, divertido, pero educado y respetuoso, alcohol -con mesura-, tíos y tías, jóvenes normales, nada raros, repito, aunque no te lo creas.

    Un grito de esperanza, porque irradiaban felicidad, contagiaban su alegría, características poco propias de la sociedad y la juventud actual. No eran raros, he dicho, pero si rompedores.

    Y un grito de esperanza, porque te encuentras rodeado de jóvenes ilusionados por su Fe, convencidos de sus creencias y principios, que quieren “que no me venza la mediocridad“, como ellos mismos cantan, “apostar por grandes ideales“.

    Esto es sencillamente, pero con gran mérito, lo que ha conseguido este numeroso grupo de jóvenes madrileños. Sus canciones están musicalmente muy conseguidas, pero lo mejor son sus letras. Podéis oírlos en YouTube o Spotify.

    El concierto de “Mi Pobre Loco”, su segundo disco, fue, en definitiva, la expresión de otra de las pancartas que colgaban en la sala Joy Eslava: “Santos de Copas“.

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