Ni por todo el oro del mundo

“AHHH VALE es así porque es cristiana”,  o también: “pero hija, ¿por qué haces esto o lo otro con la pereza que da? AHH que es católica… ¡qué aburrido!”

Seguro que alguien te lo ha preguntado alguna vez al ver tu forma de actuar. “Hace siempre lo que toca porque es cristina, porque su religión le obliga a ser así”.

No te confundas amigo mío. Cuántos ateos habré conocido que llevan la bondad, la generosidad pegada en la frente, con virtudes y principios muy cristianos, muy humanos. Los cristianos no somos mejores, es más, todo lo bueno que hacemos, hasta el mínimo detalle, lo hacemos por Dios y solo gracias a Él.

¿Recuerdas aquello que dijo un periodista a la Madre, ya santa, Teresa de Calcuta? El trabajo que tú haces, yo no lo haría ni por todo el oro del mundo. A lo que Teresa de Calcuta le respondió: “yo tampoco”.

¿No es impresionante? Alucina un rato, piénsalo… Toda una vida entre pobres, enfermos, desconocidos, agradecidos y no agradecidos, malos y buenos… Ella no les debía nada y se entregaba por completo a ellos por puro amor de Dios.

Carece de lógica humana, ¿verdad? No te preocupes, no la busques, ya te digo yo que no la tiene, es algo que va más allá, sobrenatural, fuera de la razón y la inteligencia.

Ella no se hacía un selfie cada vez que recogía un pobre, no necesitaba el reconocimiento de la gente, solo el de Dios. Tampoco tenía cara amarga por muy cansada que estuviera. Porque lo que buscaba no era el dinero, las vacaciones, los regalos… las cosas mundanas y terrenales (esas “felicidades” son pasajeras). Viviendo entre la pobreza y la ayuda a los demás ella encontraba la FmadreteresaELICIDAD con mayúsculas.

Mucha gente me pregunta un lunes por la mañana en la universidad: es lunes, llueve, hay examen, hace frío… ¿por qué sonríes? ¿Y esa alegría que tienes? ¡Es alegría del alma! Por eso cosas pasajeras como la lluvia, el tiempo, los exámenes jamás podrán ponerme triste.

¡CUÁNTO CHOCA!

Porque cuando te das cuenta de que existe un Dios que te quiere con locura particularmente y que encima muere para salvarte, cuando te das cuenta de eso, ya puede tronar que la alegría que te provoca es tan intrínseca al alma que no hay nada que te la quite.

No haríamos lo que hacemos: sacrificios, entrega, logros, planes, estudios, proyectos ni por todo el oro del mundo. ¡Lo hacemos por Dios!

Catalina Linares