Inma Casado, cofrade: “Ser cofrade es evangelizar con una talla de madera.”

Inmersos en la Cuaresma, a pocos días de comenzar la Semana Santa, muchas personas se preparan para vivir unos de los días más importantes del año volcados y con toda devoción. Ellos son los cofrades, hombres y mujeres que viven muy de cerca la Pasión y Resurrección de Jesús, acompañando las imágenes, orando, haciendo penitencia…Hoy hablamos con Inma, una joven cofrade de Almería, estudiante de Trabajo Social y muy comprometida en tareas sociales y de voluntariado.

¿Qué significa para ti ser cofrade?

Significa intentar evangelizar con una talla de madera en la está reflejada una pequeñísima parte lo que Jesucristo sufrió por todos y cada uno de nosotros. Es manifestar y expresar día a día lo que me transmite esa imagen. Vivir determinados momentos de mi vida con el resto de hermanos de la hermandad y saber que en todo momento puedo contar con ellos.

¿Cómo vive un cofrade la Cuaresma?

Con nervios, con ganas y con ilusión. La Cuaresma es donde se concentra un año de trabajo. Se ve el esfuerzo recompensado. La oración es algo fundamental y es un tiempo propicio para intensificarla. Son muchas las personas que aprovechan este tiempo para acercarse a Dios. No importa cuánto tiempo haga de la última vez que esa persona oró o entró a un templo, lo importante es que esa persona vuelve a casa, vuelve a acudir a Cristo, y el cofrade debe ser instrumento para que esa vuelta sea una vuelta llena de esperanza.Es un tiempo nuevo, tiempo de volver a comenzar y no hay mejor manera que hacerlo acompañando a las personas a acercarse a Cristo y a María.

¿Qué destacarías de la Semana Santa vivida desde dentro?

Algo a destacar es la unidad, la fraternidad, el amor, la comunión entre los hermanos. Todos unidos por Aquel que nos unió en la cruz. Son muchas las horas que se pasan juntos, muchos los momentos compartidos y todos unidos para intentar acercar a Cristo y a María. La semana santa vivida desde dentro, bien vivida y sabiendo qué es lo que celebramos, es algo indescriptible. Es la satisfacción de un “trabajo” bien hecho. Es hacer un acto con amor al Amor. A mí me gusta equipararlo a una fiesta sorpresa que le preparas a tu mejor amigo. Durante un tiempo estás en silencio, callada, sin decir nada a nadie, organizas el lugar, qué es lo que quieres hacer, cómo lo vas a hacer, preparas cada detalle con muchísimo tacto, con cuidado, con amor. Y cuando llega el día de su cumpleaños sientes que esa sorpresa ha valido todo el esfuerzo, que tu amigo es feliz por tal sorpresa. Con la semana santa desde dentro sucede lo mismo. Durante diez meses sirves en silencio, “trabajas” desde dentro, sin alardear, sin presumir, haces tu labor de forma callada sabiendo en todo momento por Quien lo haces. Y cuando quedan dos meses se ultiman los preparativos, el adorno floral, los viacrucis, el traslado de la imagen, y como colofón la salida procesional. Ese momento en el que la calle se debe convertir en oración, en esperanza, en recogimiento. Es el momento en el que una imagen nos tiene que ayudar a acercarnos a Quien por nosotros murió en una cruz, a Quien sin condición alguna se entregó por todos y cada uno de nosotros.

El Papa Francisco decía en la Evangelii Gaudium que hay cierto cristianismo de devociones, propio de una vivencia individual y sentimental de la fe, que en realidad no responde a una auténtica “piedad popular”. ¿Qué podemos hacer los católicos ante ese postureo de tantos que salen acompañando a los pasos sin fe, sin creer en un Dios que se hace hombre, muere y resucita para darnos Vida a todos?

Hacer Iglesia. Iglesia de verdad, Iglesia cercana; humilde. Mostrar esa Iglesia que acoge; que abraza, no juzgar y no querer predominar y dejar que sea Dios el único protagonista de todo.Creo que es uno de los temas más delicados que tiene la Semana Santa. Muchísimas veces vemos que hay personas que tan solo se acercan el día de la salida procesional, que mantienen un contacto mínimo con la Iglesia, o que incluso pasan por delante de la capilla del Santísimo sin mirarle durante dos segundos. Luego ves que miran la imagen titular de la hermandad con una mirada de complicidad, con una mirada sincera y humilde, como cuando miras a tu madre y sin pronunciar palabra le transmites algo en clave, algo que solamente conocéis vosotras. Y ahí me resulta imposible pensar que esa persona no tiene fe. Esa mirada es oración. Sí, lo sé, el Señor está en el sagrario pero no podemos olvidar que esa imagen que durante todo un año está en la capilla y un día al año sale a la calle es una imagen que nos ayuda a acercarnos un poco más al misterio de Dios, a intentar acercarnos al sufrimiento que Jesús vivió por nosotros.Con respecto a la gente que va a la calle a ver las imágenes pero se declaran ateas o agnósticas… Me cuesta creerlo. Al igual que una persona no va a un concierto de un grupo que no le gusta, o no le gusta su actitud y comportamiento con sus fans, una persona no iría a ver una imagen si no cree en aquello que representa. Me resulta contradictorio. Aquí es fundamental la formación, no nos podemos quedar en la imagen de un Jesús que muere. Jesús resucita. Resucita y se queda con nosotros todos los días (Mt 28, 20). Debemos ayudarles a ver que Él nos espera en la persona que tenemos al lado.

“Las expresiones de la piedad popular tienen mucho que enseñarnos y, para quien sabe leerlas, son un lugar teológico al que debemos prestar atención, particularmente a la hora de pensar la nueva evangelización.” (Papa Francisco)

A veces, desde fuera, las cofradías parecen un grupo de gente que se limita a salir a la calle durante una semana y ahí se acaba, ¿qué otras iniciativas tiene una cofradía el resto del año?Para que una hermandad sea hermandad tiene que permanecer unida y activa los doce meses del año y en las cofradías y hermandades en las que sucede se nota. No solamente se acuden a actos relacionados con otras hermandades o fiestas litúrgicas sino que durante todo el año hay movimiento para no perder esa unidad que debe caracterizar a la cofradía. No en todas se hacen las mismas actividades ya que es algo que depende de hermanos mayores y junta directiva pero por lo general todos los meses se celebra una eucaristía para los hermanos de la hermandad, se celebra el Corpus Christi, se crean grupos de formación, se llevan a cabo ponencias, campamentos de verano para los grupos jóvenes, peregrinaciones, talleres de bordado, limpieza de enseres, convivencias en distintas fechas del año, obras sociales como por ejemplo donación de alimentos durante todo el año, de juguetes en Navidad, y visitas a residencias.

Todos esos doce meses de los que hablas son de fraternidad en torno a Quien nos amó primero, pero el día grande “solo” es uno, ¿cómo vive un cofrade la salida en procesión?

Sales de casa con el capirote puesto y silencio. El camino a pie hasta la sede canónica es un camino que te lleva a un encuentro. Sabes Quien te está esperando. Llegas, coges tu cirio, y rompes el silencio para rezar en comunidad con todas las personas que ese día te acompañan. El hermano mayor y el consiliario dirigen unas palabras de oración y de reflexión. Tres golpes en la puerta, avanzas, enciendes tu cirio que es luz para avisar que Alguien se acerca, el cirio abre paso en mitad del ruido, del murmurar de la gente. La luz llega y silencio se va colando poco a poco. Mientras tanto sientes el privilegio de ir anunciando esa llegada, y en todo momento te vas acordando de todas esas intenciones y necesidades que sabes que Él va a acoger, de todas esas veces en las que Él te ha su gracia para seguir adelante. Y ahí, en ese silencio descubres que Cristo está más cerca de lo que realmente nos imaginamos.

Gracias por tu testimonio, Inma, ¡rezamos por ti y por los frutos de la Semana Santa!