La oración: ¿cara o cruz?

Se es bien sabido que la oración es una parte fundamental para todo católico incluso en otras religiones, lo es en la vida diaria, para nuestro crecimiento personal, para estar en Paz, para amar a Dios, para pedir por esto o por aquello, para sentirnos amados por el Padre Bueno, para estar en comunión con Él… Pero seamos francos ¿Confiamos en la voluntad de Dios? ¿Sabemos todo lo que conlleva la oración? ¿Vivimos una vida de oración, una real?

Pidan y se les dará” (Mateo ,7-7) Jesús mismo nos invita a recurrir ante Él con todas nuestras preocupaciones, peticiones y deseos. Pidámosle y hagámoslo en abundancia, sin temor, sabiendo que gozamos de su Amor. Pero hay que lograr trascender ese nivel de oración. Me he dado cuenta que muchas ocasiones rezamos y pedimos a Dios por una intención especial, pero no solamente eso, sino que pedimos también obtenerlo de cierta manera o bajo ciertos medios, todo de acuerdo a como nuestra voluntad dispone. ¿Es esto malo? No, ciertamente no lo es. Si Dios nos dio la voluntad por algo, pero no debemos de caer en disponer que todo suceda a nuestro querer. Dios nos conoce más que nosotros mismos, Él sabe lo que nos hace bien, lo que ayuda a la expansión de su Reino de Amor. Confiemos que lo que acontece en nuestra vida es perfecto porque Dios está detrás de ello, que solamente nos falta entenderlo, cuestión que el tiempo se encargará de hacer.

Parece que nuestra oración es algo así como lanzar una moneda, si es cara yo gano y si toca cruz tu pierdes. Nos centramos en que la vida tenga el tono que nosotros deseamos y cuando no es así decimos que Dios no nos escucha, que no nos acompaña, nos victimizamos creyendo que no hemos merecido lo que nos acontece y en muchas veces, admito que la vida sí que es injusta ¿Por qué está esto dentro de los planes de Dios? ¿Cómo entender la voluntad de Dios en momentos dolorosos? Y si se trata de vivir como lo hizo Jesús, ¿Cómo Dios permitió que su Único Hijo muriera, y en una muerte de cruz? Son preguntas que llevo años haciéndome, que estoy segura muchos se harán, hasta que Dios me permitió conocer la respuesta.

Dios es el Amor mismo, la Esperanza pura, la Misericordia.. es el origen de la Luz, es la Luz misma. El dolor, la tristeza, el desconsuelo, el miedo, la frustración, la vergüenza, la indignidad… estas cosas no provienen de Dios, sino del mal; estas cosas están en nuestra vida porque el hombre le ha abierto las puertas a ello, porque vivimos en un mundo y todo lo que esto implica. El Bien y el mal conviven, y aunque Dios tenga planes para nosotros, las acciones de los humanos tienen repercusiones. Muchas veces vivimos las consecuencias de los actos de los demás, es injusto porque cargamos con dolores que no merecemos, pero Dios saca lo bueno de lo malo, y nos envía múltiples consuelos para enfrentar el día a día. Dios no dispuso que Jesús muriera en la cruz, la voluntad de Dios consistía en que Jesús amara, que  nos enseñara a amar y eso hizo. Si vivir el Amor y ser fiel a ello, lo llevó a la cruz, fue porque de eso se encargó el mundo. Jesús cumplió la voluntad del Padre incluso cuando esto significaba morir humillado y tan despiadadamente. ¿Qué nos hace pensar que nuestra vida será fácil, viendo la vida del mismo Dios hecho hombre? Jesús querido, tan humano. Hay que aprender a distinguir entre lo que Dios quiere y lo que Dios permite. No lo culpemos a Él por nuestros infortunios y mejor tomemos con responsabilidad lo que implica tener libertad y voluntad. Hay que ser valientes y amar en el misterio, amar en la oscuridad. Vivir realmente el regalo de la Fe, y acudir a la oración para estar más cerca de Dios, teniendo la certeza que si Él está detrás, todo estará bien. Aceptar nuestras limitaciones, soltar las riendas del tiempo (situarnos en pasado o futuro constantemente), y vivir. Pero en serio, vivir. Siempre queremos conocer todas las respuestas y entender los porqués especialmente de las acciones ajenas, cuando en realidad lo importante es saber cómo se puede vivir una vez que estos porqués ya han ocurrido. Es fácil decir que sí a Dios en teoría, todos lo hemos hecho, pero ¿Llevar esto a la práctica? Es un reto de todo momento.

Resulta liberador el poner a un lado el querer controlarlo todo, dejemos a los demás hacer lo suyo y a la vida también. Pidamos a Dios que nos dé la fortaleza de vencer lo injusto que nos aqueja de este mundo, de aceptar su voluntad aunque en momentos nos cuesta entenderla,  pedir por todos aquellos que nos ofenden, acoger la Luz Divina en nosotros. Confiar en Dios para que estemos en Paz, confiar en la Bondad y Misericordia de Dios para dejar las culpas que atormentan atrás, confiar en Dios para agradarle, confiar aún más para amarlo. Seamos esos niños pequeños que ciegamente confían en su Padre, dejémonos abrazar por Él. No es una cuestión de cara o cruz, una vida de oración real, es ganar y nunca perder.

¿Cuál sería mi consejo? Realizar un pequeño acto de bondad al día, seamos ese consuelo desconocido, seamos la manifestación de la voluntad de Dios. Cuando entendemos nuestra pequeñez, es entonces, cuando actuamos con grandeza. Puede crear controversia, “somos una gota más en el mar de la humanidad, a lo largo de la historia