40 días y 40 noches: la cuaresma

La cuaresma tiene mala fama , es un tiempo que da  pereza, que  fastidia.

Pero cambiemos de lado la tortilla: éste  ya está muy quemado. Podemos tener otro planteamiento, piénsalo como  la preparación para la pascua, para  la gran fiesta,  como el ir  tachando días en el calendario hasta que llega el indicado.

A la vez, estar seguros de que Dios no la creó  para jorobarnos o hacernos pasar un mal rato, sino como una oportunidad  para poder,  por medio de la oración y sacrificio, unirnos más a su cruz (costosa) y preparar así la victoria.  Para vencer hay que luchar, y luchar hasta el final aunque cueste, no basta con “cumplir”.

Las cosas grandes y que valen la pena  no cuestan poquito, eso es porque el maligno está al acecho , ¿vas a pactar con él? Estamos hablando enserio, no es cuestión de vivirlo falsamente, sino de luchar por el AMOR.

La cuaresma es una ITV de nuestra vida, donde nos informan si nuestro vehículo(alma) está en buenas condiciones para seguir el camino, si  está bien cuidado y si  sería capaz de alojar pasajeros,  o, por el contrario, no está habilitado siquiera para circular por la carretera.

Nunca ha sido cuestión de mínimos: Sí, tenemos las cuatro ruedas, pero  dos de ellas están deshinchadas. Tenemos los dos retrovisores, pero al izquierdo le falta el cristal. Tenemos cinturones, pero no sujetan bien.  Tenemos ventanas, pero los rallones no dejan ver. Tenemos todas las cosas necesarias para iniciar el viaje, pero su estado nos impedirá ver el camino correcto (incluso el camino, cualquiera que éste sea).

El amor no se vive al mínimo.  Si pudiera existir un amor así,  se abandonaría en cuanto vinieran olas o tiempos duros donde esos  ”mínimos  estuvieran a punto de agotarse”. No es cuestión de hacerse la victima sino de cuanta grandeza tienes en tu corazón, ¿lo mínimo imprescindible? y el resto,¿ qué es?.

La cuaresma es el sometimiento de nuestra propia vida a la de Dios, y luchar por nuestro primer mandamiento. La iglesia , como madre que es , nos enseña como a hijos chiquitos los tres instrumentos  que nos  harán de guía en este camino: oración, limosna y ayuno. Tres brújulas para llegar a alcanzar los tres amores de nuestra vida: amor a Dios, amor al prójimo y amor a uno mismo.

Con respecto al amor a Dios, la oración es el instrumento, para amar más a alguien tenemos que conocerlo más. Para amar a los demás, la limosna es el instrumento , hasta en lo material, Te amo. Te doy de lo que necesito, no de lo que me sobra.

Por último,  si no te amas no amaras, porque nadie da lo que no tiene. Ayunando y privándote de aquellos caprichos tanto materiales como vicios, dejas de ser esclavo , comienzas a ser más libre y amarte más porque comienzas a ser tú el que lleva las riendas de tu propia vida.

Si ya tienes la brújula, el vehículo y el destino, solo queda que quieras ponerte a caminar.