LIBERTAD Y ENTREGA: ¿COMPATIBLES?

¿Qué es la libertad? Muchas de las personas que leyeran esta pregunta, probablemente contestarían algo parecido a “Estado de quien no es esclavo”. Podríamos empezar bien con esta definición, pero me atrevería a decir que es un poco incompleta. Algún otro se animaría y propondría algo así como “elección entre el bien y el mal”. No vamos mal, pero no es sólo eso. La libertad es una facultad del hombre, que le permite actuar de una forma u otra de acuerdo con su voluntad, o simplemente no actuar. Esto le hace ser responsable de sus actos (proceder). No obstante, la mayoría atribuye el significado de “libertad” a la primera definición. Un error muy frecuente.

Muchas veces, salimos al encuentro de la libertad. La buscamos por todos rincones de la tierra,  llenándonos de cadenas que nos atan a sus vicios. No nos damos cuenta de que somos libres. La libertad no es un estado. Es un adjetivo del hombre, una habilidad de la que goza su naturaleza, un privilegio.

En nuestras acciones, podemos proceder de diferentes modos: elegir el bien, el mal… Sin embargo, hoy en día es más común otro tipo de “elección”: El no elegir. ¿Para qué? ¡No quiero que nadie me quite mi libertad! ¡No quiero comprometerme, no quiero obedecer! ¡Una vida libre es una vida sin reglas! Desgraciadamente, las mentes de millones de personas han sido nubladas a causa de este pensamiento tan equivocado. Precisamente no puede existir la libertad sin entrega, sin obediencia, pues sino ¿De qué sirve ser libres? Del mismo modo, no hay entrega sin libertad. Muchos presumen de ser libres al no atenerse ni a compromisos ni a normas, sin darse cuenta de que son esclavos de su propia libertad. Y éstas son las cuerdas más difíciles de desatar. ¡Qué tonto fue aquel lobo hambriento que, teniendo la oportunidad de sobrevivir siendo alimentado y acariciado por su amo a cambio de obediencia, prefirió huir al bosque para mantener su “libertad” intacta y morir. La libertad que huye de la obediencia es una libertad inútil, vacía.

Después de todo esto, podemos llegar a una conclusión. Sabiendo que la verdadera libertad está en la entrega y la obediencia, ¿Cuál es el mejor modo de proceder? En una ocasión, Jesucristo dijo: “La Verdad os hará libres”; y también: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Sólo a través de Cristo seremos realmente libres. No cometamos el mismo error de aquel lobo necio. ¡No tengamos miedo en entregarnos a Cristo! ¡No seamos cobardes! No busquemos esas libertades disfrazadas. ¡Busquemos la verdadera libertad! En esta vida, no hay nada más grande que el amor. Y no hay amor más grande que la entrega de uno mismo. Pero esta entrega, esa dulce y ciega confianza en Dios sólo puede ser cometida libremente. Eres libre. Puedes ser aún más libre. Si tú quieres.